Firpo-Dempsey, el centenario de la Pelea del Siglo

Casi cuatro minutos bastaron para que el choque entre Luis Angel Firpo y Jack Dempsey, el más ilustre campeón de esa época, se convirtiera en la primera, la única y más valorada Pelea del Siglo, de la cual se cumplen este jueves 100 años.

«En la más corta y fiera batalla entre pesos pesados», decía un fragmento del comentario que publicó el diario New York Times en su edición del día siguiente.

Es que en un round y medio quedaron atrapadas todas las emociones y sensaciones que podía deparar un choque vertiginoso, calificado como «Pelea del año» por la célebre revista The Ring, que luego le agregó otra denominación más ostentosa: «Pelea del Siglo».

Tremendos cruces de golpes, caídas de uno y otro, y como si eso no hubiera bastado, el pleito tuvo una definición polémica, que deparó una derrota con sabor a victoria para el argentino.

Aquí, la pelea despertó una expectativa inusitada; de hecho, en Buenos Aires, miles de aficionados se agolparon en las inmediaciones de la sede del diario La Prensa -ubicada sobre avenida de Mayo- para seguir las alternativas, mientras que unos pocos pudieron hacerlo a través de la radio a galena.

La caída de Dempsey fuera del ring confundió a algunos operadores de telégrafo, quienes supusieron que Firpo había ganado, lo que generó un júbilo desbordante, pero pocos minutos después se confirmó el resultado y la derrota del juninense.

Este duelo marcó, además, la primera oportunidad que tuvo un latinoamericano, y en este caso argentino, de pelear por el título del mundo. Y en Estados Unidos, que por entonces acaparaba la mayor parte de la actividad boxística. Sin embargo, antes de eso Firpo debió hacer su propio camino, pero no en Argentina, ya que aquí el boxeo estaba prohibido y por lógica, distaba de ser popular.

LEÉ: El italiano Marco Verratti dejó el PSG para sumarse al Al-Arabi de Qatar

Solo por hacerle el favor a un amigo, quien le pagaba la cuota mensual, Firpo se acercó hasta el gimnasio del club Internacional, a pocos metros de donde hoy está el Obelisco, y comenzó a entrenarse, pero buscó oportunidades para combatir en Chile y Uruguay, hasta que se consagró campeón sudamericano de los pesados.

Entonces surgió la posibilidad de pelear en Estados Unidos y hasta allá fue en barco, dio sus primeros pasos, se hizo conocido a base de triunfos y volvió al país. Realizó algunos combates en Sudamérica, hasta que volvieron a convocarlo para pelear otra vez en el norte, y allí dejó en el camino rivales de fuste como Bill Brennan, Jess Willard, Homer Smith, Jack Hermann y Joe Burke.

Tenía el camino allanado y entonces llegó la oferta para enfrentarse a Dempsey, con una bolsa de 156 mil dólares para el juninense, mientras que al campeón le correspondían 500 mil.

A esa altura Firpo ya era conocido como el «Toro salvaje de las Pampas», un apodo que le había puesto el periodista Damon Runyon, luego de ver la potencia de sus golpes y como sus oponentes caían indefectiblemente uno tras otro. De todas maneras, su incipiente fama trascendió el aspecto deportivo, ya que Firpo fue contratado en Nueva York para bailar tango, hacer algunos cortos y hasta logró convertirse en representante de una marca de autos (Stutz) para la Argentina.

Aquel viernes 14 de septiembre de 1923, en el estadio Polo Grounds, que se utilizaba para partidos de béisbol, estaba colmado por 85 mil personas, ávidas por presenciar el gran duelo entre Dempsey y un rival desconocido para la mayoría. Se recaudaron casi un millón 200 mil dólares, con el ring side
a un valor de 50, el más caro de la velada, y con las apuestas tres a uno a favor del campeón.

Personalidades estelares siguieron de cerca la pelea.

Distintas personalidades presenciaron el combate, entre ellas el ex presidente estadounidense Theodore Roosvelt, John Pierpont Morgan y Joseph Pulitzer, más un puñado de argentinos, todos allegados al retador, y alrededor de un millar de periodistas.

En las horas previas, Firpo prescindió de su entrenador -Jimmy De Forrest- aparentemente para ahorrar costos, y además se presentó con una lesión en el brazo izquierdo que le restó posibilidades.

«Jamás tuve manager ni consejeros ni instructores físicos de ninguna naturaleza, porque siempre me encontré con capacidad suficiente para dirigir mis asuntos y ver con claridad el camino que debía continuar para llegar al triunfo», explicó en una de las columnas que escribió para la revista El Gráfico en 1941.

Desde el principio, los dos protagonistas salieron a cruzar golpes sin miramientos y en esa refriega la peor parte se la llevó el argentino, quien cayó en siete oportunidades, mientras que Dempsey también fue a la lona una vez.

Tras el descanso, Firpo salió decidido, arrinconó al campeón contra las cuerdas y tras un golpe Dempsey pasó entre las cuerdas y cayó fuera del ring, una imagen que quedó inmortalizada hasta en un cuadro de George Bellows, famoso por retratar en aquel entonces escenas de boxeo y de la vida urbana neoyorquina, y plasmó un momento clave en la historia del deporte.

Gracias a la ayuda de los periodistas que estaban ubicados al borde del cuadrilátero, el estadounidense pudo volver a la lucha, aunque habían pasado cerca de 17 segundos, suficiente para que Firpo fuera declarado vencedor. Sin embargo, el árbitro Joe Gallagher favoreció a su compatriota, hizo el conteo de protección cuando ya había subido nuevamente y le dio el pase para continuar.

Enfurecido, Dempsey se fue encima de Firpo y cuando estaba por cumplirse el minuto del segundo asalto mandó al argentino a la lona y liquidó el pleito.
«Tres veces Dempsey debió ser descalificado, especialmente cuando me castigó estando aún de rodillas en la lona. La cuarta fue cuando lo saqué del ring», aseguró Firpo años después en un breve relato llamado » Mi vida y mis peleas», escrito por Ignacio Covarrubias en la década de 1950.

Tan sospechosa fue la performance de Gallagher que cinco semanas después la comisión de boxeo le quitó la licencia, por sus declaraciones poco afortunadas tras la pelea: «Si todos los referís procedieran como yo, ningún campeonato saldría de Estados Unidos». En 1931 Gallagher terminó sus días pegándose un tiro en un hotel de mala muerte.

Tras su buena actuación, Firpo fue recibido meses después como un héroe, aunque no tuvo otra oportunidad de pelear por el título, pero a su regreso el gobierno de Marcelo T. de Alvear autorizó la realización de peleas de boxeo en todo el territorio nacional.

Hasta Julio Cortázar se refirió al combate en su libro «La vuelta al día en 80 mundos»: «Dempsey empezó a demoler la pared de ladrillos hasta no dejar más que un montoncito en el suelo junto con 15 millones de argentinos retorciéndose en diversas posturas y pidiendo entre otras cosas la ruptura de relaciones, la declaración de guerra y el incendio de la embajada de los Estados Unidos. Fue nuestra noche triste».

Y hasta un equipo fútbol de El Salvador se animó a cambiar su nombre, dejó de lado su denominación inicial, Tecún Umán, por el de Luis Angel Firpo y con correr de los años se convirtió en uno de los más laureados de su país.

En su honor, cada 14 de septiembre se celebra el Día del Boxeador en la Argentina. Firpo fue pionero y símbolo, y su legado sigue vigente.