Ahora es en Juntos por el Cambio donde sobrevuelan fantasmas de fractura

Las fricciones que se vienen registrando en Juntos por el Cambio en el marco de un anticipado proceso de armado electoral con vistas a 2023 alcanzaron esta semana un punto de ebullición inesperado cuando el ex presidente y líder del PRO, Mauricio Macri, casi que puso en duda la continuidad de la coalición opositora como tal.

Macri lanzó una frase que generó ruido puertas adentro, de igual modo que liberó fantasmas de ruptura que comenzaron inmediatamente a sobrevolar ese espacio, en sintonía con lo que ocurre desde hace semanas en el seno del Frente de Todos, donde se han tornado viscerales las disputas internas.

“La unidad por la unidad misma no sirve si no representamos el cambio”, sostuvo el ex mandatario, al participar de manera virtual en una reunión de diputados de PRO, y agregó: “Si no nos diferenciamos, vamos a pagarlo electoralmente”, dejando entrever su preocupación por la efervescencia -actual- en torno de la figura del pseudo-libertario Javier Milei.

Justamente, así como el legislador de La Libertad Avanza se abrió camino hacia el Congreso blandiendo la necesidad, según él, de combatir a la “casta política”, y ahora se muestra decidido a competir por la Presidencia de la Nación, Macri resaltó que PRO nació para “cambiar el sistema” y debe regresar a sus orígenes: “No podemos permitir que el statu quo nos gane”, subrayó.

El ex jefe de Gobierno porteño teme que Juntos por el Cambio (JxC), y en especial su espacio, pierda votos por derecha si no sale de su zona de confort y se muestra más combativo, e incluso dejó picando la posibilidad de que PRO vote diferente que el radicalismo, por ejemplo, en el Parlamento nacional.

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De esta manera, y en momentos en los que JxC se relame con una eventual victoria electoral en 2023 viendo la debacle del Frente de Todos (FdT) en el Poder, Macri tensó la cuerda en la relación interna entre PRO y los radicales, a quienes la agrupación “amarilla” debió recurrir originalmente para ganar capilaridad territorial en el ámbito nacional cuando se gestó la alianza que terminaría imponiéndose en las urnas en 2015.

Los comentarios del ex presidente consolidaron definitivamente el escenario de tensión interna que venía registrándose en JxC y frente al cual ya se mostraban a disgusto dirigentes del ala moderada, las llamadas “palomas” de PRO, al considerar que el alboroto pre-electoral ocasionado por los “halcones” desenfocaba al espacio y lo asemejaba con el FdT.

De por sí el regreso de un Macri vigoroso a los primeros planos buscando capitalizar la crisis del Gobierno generó un impacto significativo en el seno de JxC, mientras el ex presidente de momento mantiene entre signos de interrogación sus aspiraciones -o no- de competir en las elecciones del año que viene. Ahora sus palabras despiertan incluso más expectativa en torno de lo que pueda ocurrir en el corto o mediano plazo con PRO y su ¿eventual? continuidad en la coalición opositora.

Quien sí blanqueó sus intenciones de ser candidato en 2023 fue el actual jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, aunque no en público, sino en un reciente encuentro privado con referentes del “círculo rojo”, según pudo confirmar NA. En tanto, en las últimas horas se lanzó también Miguel Pichetto, en un acto del Peronismo Republicano: “Asumo el desafío, no le voy a rehuir. Lo hago convencido de que es la manera de ampliar la base de la coalición política (JxC)”, dijo el ex senador y auditor general de la Nación.

Milei, como un rompehielos Irizar

Metódico como de costumbre, Rodríguez Larreta ya tiene definida su hoja de ruta pre-electoral para los meses venideros: básicamente, concentrarse en la gestión de lunes a jueves, lo que incluirá anuncios y decisiones de gobierno, y llevar adelante recorridas con perfil proselitista en los restantes días de la semana, además de sostener de manera periódica reuniones con otros referentes de su espacio.

Estos son sus planes al menos hasta el próximo Mundial de fútbol, que se disputará en Qatar del 21 de noviembre al 18 de diciembre de este año, “salvo que el Gobierno (nacional) vuele por el aire”, deslizan en su entorno. Luego, podrían desencadenarse mayores fricciones internas en la alianza opositora durante el verano, según estima Rodríguez Larrera, antes de que se acomode en definitiva el tablero electoral en JxC para dar comienzo a la campaña, probablemente, a partir de marzo.

De cualquier manera, el “fenómeno Milei”, convertido en una suerte de rompehielos Almirante Irizar que abre el camino para debates proselitistas de manera anticipada, generó que el jefe de Gobierno porteño ya anunciara su intención de impulsar medidas de “shock” en material de política económica, en el caso de llegar a Balcarce 50, y que además endureciera su discurso, por ejemplo, frente a las movilizaciones piqueteras que proliferan semanalmente en la Capital Federal.

Sin embargo, en contraste con las posturas de extrema derecha de Milei, cualquier iniciativa ligeramente más moderada que proponga Rodríguez Larreta se ubicará a la izquierda del líder de La Libertad Avanza, que absorbe hoy parte de la decepción social e incluso el hartazgo frente a la falta de respuestas de la política tradicional para los problemas más acuciantes de la Argentina (inflación, seguridad, estabilidad laboral, etcétera) y parece navegar en la cresta de la ola.

Es precisamente este contexto en el que motivó a Macri a arengar a la tropa de PRO, con declaraciones que recordaron unas palabras pronunciadas el mes pasado nada más ni nada menos que por el diputado nacional y presidente del peronismo bonaerense, Máximo Kirchner, cuando en medio de la interna en el FdT sostuvo que “la unidad” no debe ser sinónimo de “amontonamiento”.

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“Si los dirigentes se amontonan en una unidad que no busca dar todas las peleas será una mera acumulación de dirigentes”, resaltó en aquel momento el ex jefe de la bancada del Frente de Todos en la Cámara baja, que en las últimas horas volvió a cargar contra el jefe de Estado Alberto Fernández -aunque sin nombrarlo- y el ministro de Economía, Martín Guzmán, durante un acto en Lanús.

“Cuando uno quiere conducir también debe saber obedecer”, lanzó el hijo de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, en respuesta a los dardos envenenados que disparó recientemente el presidente hacia dentro del oficialismo, en lo que da toda la sensación de que fue una estrategia comunicacional diseñada para llevar adelante durante su gira por Europa.

Allí en el Viejo Continente, además de sostener que Cristina tiene una “visión parcial” de la realidad argentina, Fernández confirmó sus aspiraciones de ir en busca de una reelección en 2023, una iniciativa que, por cierto, apenas si generó una tibia respuesta -al menos en púbico- de parte de sectores albertistas dentro del Gobierno, lo que pone en evidencia la complejidad del momento por el que transita el FdT.

En una serie de entrevistas a medios de comunicación europeos y en conferencias de prensa, el jefe de Estado durante su gira habló más de las desavenencias en el oficialismo que de la guerra en Ucrania, que mantiene en vilo al mundo entero, más allá de condenar la “agresión” por parte de Rusia a su vecino país, e incluso en ese marco, el Gobierno dejó abierta la puerta de salida para cualquier dirigente que no esté de acuerdo con la actualización de tarifas que impulsa la Casa Rosada.

Ahora, tras su regreso a la Argentina, se espera que Fernández se enfoque en la gestión y evite confrontar con el núcleo duro kirchnerista, dejando que sean los ministros los que respondan a eventuales cuestionamientos. Sin ir más lejos, en las últimas horas el propio Guzmán mandó literalmente a callar al presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, que asomó la cabeza para reclamar que se eleve el mínimo no imponible del impuesto a las ganancias: “Es una obviedad que se actualizará el piso”, retrucó el titular del Palacio de Hacienda, en respuesta a una carta enviada por el líder del Frente Renovador.