Diego Maradona también dejó imágenes inolvidables fuera de una cancha de fútbol. Su voz, sus gestos y su facilidad para desenvolverse frente a una cámara lo convirtieron en protagonista de campañas que atravesaron países y generaciones. Desde un encuentro con un chico que le ofrecía una gaseosa hasta una pesadilla con la camiseta de Brasil, las marcas encontraron en el Diez una figura capaz de emocionar, provocar y hacer reír.
En un nuevo aniversario de su nacimiento, sus publicidades permiten recorrer otra faceta de su historia: la del ídolo convertido en una personalidad de alcance mundial. Empresas de bebidas, una cadena de comida rápida, una compañía de salud y una casa de lujo recurrieron a su imagen. Algunas apostaron por su habilidad con la pelota; otras, por su manera de hablar y por el vínculo que había construido con el público.
Uno de sus primeros grandes contratos publicitarios fue con Coca-Cola, que en 1982 lo convirtió en protagonista de un comercial que quedó en la memoria. En el año de la Guerra de Malvinas y del Mundial de España, su primera Copa del Mundo, Diego aparecía junto a un chico que le ofrecía una gaseosa. La escena terminaba con el futbolista regalándole su camiseta, en un intercambio que apelaba a la admiración infantil y al costado cercano de una estrella.
El anuncio quedó entre los más recordados de su juventud. Antes de la consagración de México 1986, su figura ya tenía un atractivo comercial que trascendía los resultados deportivos. Para las empresas, Diego era tanto el futbolista extraordinario como el personaje capaz de generar identificación fuera de las canchas.
Durante su etapa en Barcelona también trabajó con McDonald’s, en comerciales de tono familiar. Una de aquellas piezas incorporó incluso la lesión que lo había alejado de las canchas: aparecía enyesado y la compañía le deseaba una pronta recuperación. Su presencia seguía siendo un recurso publicitario aun cuando no podía jugar.
En esos años participó además en una campaña de prevención del consumo de drogas de la Generalitat de Cataluña. El mensaje lo mostraba jugando al fútbol con chicos en la playa y aprovechaba su llegada a los más jóvenes para transmitir una recomendación directa. Era una intervención diferente de sus anuncios comerciales, centrada en su capacidad de influir como referente deportivo.
La dimensión internacional de Maradona también lo llevó a la publicidad japonesa, país en donde había conquistado el Mundial Juvenil de 1979, su primer título con una Selección Argentina. En 1988 protagonizó una pieza para la marca de bebidas Nova junto a sus hermanos Hugo y Lalo. Las habilidades con la pelota fueron el eje de un comercial que reunió a los tres y que hoy conserva el atractivo de una escena familiar poco habitual dentro de su trayectoria publicitaria.
Con el paso del tiempo, las campañas dejaron de depender únicamente de su condición de futbolista. Después del retiro, su voz y su personalidad mantuvieron el interés de las marcas, especialmente en los años de Mundial, cuando su vínculo con la Selección Argentina ofrecía una conexión inmediata con la emoción de los hinchas.
Ese recurso tuvo una de sus expresiones más recordadas en la publicidad de Quilmes para Alemania 2006. Con la canción «No me arrepiento de este amor» como hilo conductor, la voz de Maradona introducía una pieza que reunía afectos personales, fútbol y pertenencia. El anuncio lo ubicaba como una figura capaz de expresar el sentimiento de los argentinos ante una nueva Copa del Mundo.
Ese mismo año, Guaraná Antarctica lo puso en una situación impensada: vestido con la camiseta de Brasil y cantando su himno junto a Ronaldo y Kaká. La sorpresa era el centro de la campaña. El ídolo argentino aparecía integrado al seleccionado de su gran rival, hasta que el desenlace revelaba que todo había sido una pesadilla.
La publicidad funcionaba a partir de una imagen que parecía imposible. La rivalidad entre Argentina y Brasil se convertía en un recurso de humor, mientras Maradona demostraba que podía participar de una campaña dirigida al público brasileño sin perder la complicidad con los hinchas argentinos.
En 2010, Louis Vuitton reunió a Maradona, Pelé y Zinedine Zidane en una campaña que llevó su figura al universo del lujo. Diego asumía el papel de árbitro en un encuentro de metegol entre el brasileño y el francés. La propuesta reunía a tres protagonistas de distintas épocas y utilizaba el fútbol como un lenguaje reconocible para públicos de todo el mundo.
Ese mismo año, Swiss Medical mostró una versión más íntima de Maradona, con un anuncio en el que reflexionaba sobre su manera de vivir y de afrontar nuevos desafíos. «Sería más seguro si me quedara sentado arriba de toda mi gloria, pero no sería yo», decía. La frase condensaba el espíritu de una campaña que se apoyaba en su historia personal y en su resistencia a quedarse únicamente con los logros del pasado.
Bavaria recuperó en 2012 una de sus imágenes más emblemáticas: la entrada en calor al ritmo de «Live Is Life». El comercial de la cervecera holandesa lo mostraba nuevamente con una pelota, haciendo jueguitos y disfrutando del movimiento. La referencia conectaba al Diego de ese momento con el recuerdo del futbolista que había convertido un calentamiento en un espectáculo.
La campaña aprovechaba algo que permanecía intacto: bastaban una canción y una pelota para que el público reconociera una escena de su carrera. El anuncio se sostenía en esa memoria compartida y en la naturalidad con la que seguía relacionándose con el fútbol.
En 2016, Tecate lo llevó a una superproducción con referencias bíblicas y figuras del Real Madrid y la Juventus. La historia giraba alrededor de Noé, que recibía la misión de construir una cancha para salvar al fútbol. Maradona interpretaba a Dios, un papel que trasladaba al lenguaje publicitario uno de los apodos más asociados con su figura.
Entre la emoción, la nostalgia y el humor, estas campañas muestran por qué su atractivo para las marcas se prolongó mucho después de su último partido. Maradona podía ser el ídolo cercano, el rival inesperado o el protagonista de una escena imposible. En todas esas versiones conservaba algo reconocible: una presencia que hacía que el anuncio también se recordara por él.
