Los datos de actividad confirman que la economía está estancada. La producción no crece, el fuerte proceso de adaptación de las empresas al escenario de más estabilidad e integración al mundo e importantes reformas estructurales que siguen pendientes hacen que la destrucción de empleos formales sea intensa y sea reemplazada por empleos informales.
Esta tendencia no es coyuntural. Forma parte en una degradación de larga data. La última vez que la economía creció con fuerza fue en el periodo 2004 – 2012 empujada por la bonanza internacional de la incorporación de China al mercado mundial y al buen momento económico que pasaba Brasil. A partir del 2012 la economía tuvo un comportamiento cíclico de picos y caídas con una tendencia en planicie.
A esto se sumaron las aceleraciones inflacionarias del 2018 y 2019 y del 2022, 2023 y 2024 que causaron un profundo deterioro del salario real. El salario real formal promedio hoy es 25% inferior al que había en el 2012.
Con estas tendencias se entiende que prevalezca tanto malestar en la gente con un sentimiento compartido de falta general de capacidad adquisitiva.
¿Qué explica el estancamiento y la caída del salario real?Un informe recientemente publicado por el Indec brinda datos muy útiles para echar luz sobre el tema. El ente estadístico oficial midió la productividad de la economía argentina entre el 2016 y el 2025.
Aquí se observa que la inversión en máquinas y equipos subió un 15% y las horas trabajadas un 11% pero el Producto Bruto Interno (PBI) aumentó solo 5%.
Entonces los argentinos le ponemos plata al stock de capital físico y le ponemos ganas trabajando cada vez más horas pero la producción crece cada vez menos. En otras palabras, para producir la misma cantidad de bienes y servicios en Argentina se necesitan cada vez más horas de trabajo y más inversión. Si la productividad es negativa, es imposible que los salarios reales crezcan. La productividad negativa es la que frustra la aspiración compartida de mejorar la capacidad adquisitiva de la población.
¿Por qué los argentinos tenemos baja productividad?La baja productividad es consecuencia de un entorno general que induce a prácticas ineficientes en los procesos de producción y comercialización. Los ejemplos son innumerables.
En el mercado cambiario hubo y hay que seguir lidiando con barreras burocráticas y legales para importar insumos y conseguir divisas. Son enormes los esfuerzos administrativos que hacen las empresas para pagar los impuestos. Se llegó a la locura de que a las empresas no les preocupa tanto el nivel de los impuestos como la complejidad de los regímenes especiales de pago a cuenta donde la empresa se convierte en ente de recaudación fiscal, no de producción. Los costos de pagar abogados, contadores y empleados solo para cumplir con la burocracia de las normas tributarias donde son más importantes los formalismos que la recaudación.
La organización de los recursos humanos hay que hacerla con reglas fijadas en convenios colectivos de trabajo de las décadas del ’70 y del ’80. Desde el retorno de la inflación en el 2002 de los único que hablan cámaras empresarias y sindicatos en Argentina es de paritarias, es decir, en cuánto aumentar el salario de convenio para cubrirse de la inflación. De la productividad olvídate, como si las paritarias fueran a mejorar el salario real.
Ni que hablar del estado decrépito de la infraestructura, el deterioro de la educación pública, el permanente y arbitrario cambio en las reglas de juego y la muy alta inseguridad pública que lleva a estar más pendiente de los ladrones que de los que producen y comercializan la mercadería.
Para mejorar la productividad hay que generar condiciones para ser más eficientes en el uso del capital y del trabajo. Para ello es imprescindible una modernización integral del sector público en sus tres niveles de gobierno (nacional, provincial y municipal). De aquí la relevancia estratégica de un acuerdo de coordinación tributaria y de responsabilidades entre la Nación y las provincias y de éstas con sus municipios. Esta es la manera de abordar desafíos tan complejos como la simplificación del sistema tributario y regulatorio y mejorar la calidad de los servicios públicos a cargo de los tres niveles de gobierno que el Estado debe darles a los ciudadanos.
La única manera de aumentar el salario real es aumentando la productividad. Esto exige un Estado que no sólo tenga la caja equilibrada sino que también brinde servicios de alta calidad. Esto es lo que está faltando en Argentina.
