Riesgo país arriba de 700, consumo en baja y crecimiento frenado: la economía argentina muestra sus fisuras

Riesgo país arriba de 700, consumo en baja y crecimiento frenado: la economía argentina muestra sus fisuras


La economía argentina cerró otra semana atravesada por señales que, consideradas en conjunto, dibujan un escenario más complejo que el que sugiere cada indicador por separado. En septiembre, la inflación minorista fue del 1,9% mensual, levemente por encima del 1,7% de agosto, mientras que la inflación núcleo se ubicó en el 1,7%. El aumento acumulado de los primeros nueve meses alcanzó el 23,6% y la variación interanual, el 33,4%. Se trata de registros sensiblemente más moderados que los observados en períodos de inestabilidad, aunque la aceleración mensual recuerda que la desaceleración inflacionaria no constituye un proceso lineal.

Los precios mayoristas y los costos de la construcción completaron el panorama con evoluciones dispares. El índice de precios internos al por mayor avanzó 3,2% en septiembre, mientras que el costo de la construcción en el Gran Buenos Aires aumentó un 1,5%. En el frente fiscal, el sector público nacional registró durante ese mismo mes un superávit financiero de $977.173 millones, luego de obtener un resultado primario positivo de $1,43 billones. La continuidad del equilibrio de las cuentas públicas constituye un elemento central del programa de estabilización, pero por sí sola no alcanza para describir el estado de la economía real.

La actividad se estanca y el consumo sigue sin reaccionarPrecisamente allí apareció la novedad más relevante de los últimos días. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) de agosto, difundido por el Indec el miércoles, cayó 1,7% interanual y apenas creció 0,1% frente a julio en la medición desestacionalizada. La tendencia-ciclo no mostró variaciones mensuales y el crecimiento acumulado entre enero y agosto quedó limitado al 1,2%. Detrás del promedio se advierten diferencias sectoriales significativas: minas y canteras avanzó 11,1% interanual, pero la industria manufacturera retrocedió 3,2% y el comercio 3,5%. La estabilización nominal todavía no encuentra una traducción uniforme en el nivel de actividad.



Los indicadores de consumo difundidos el jueves reforzaron esa lectura. Las ventas de supermercados medidas a precios constantes disminuyeron 3,7% interanual en agosto y las de autoservicios mayoristas cayeron un 3,6%, mientras que los centros de compras registraron una expansión del 3,7%. No se trata, por lo tanto, de una retracción idéntica en todos los canales comerciales, sino de una recuperación fragmentada, donde el consumo masivo continúa mostrando dificultades. La heterogeneidad importa tanto como el promedio: permite comprender por qué la mejoría de algunas variables macroeconómicas todavía no se percibe con la misma intensidad en los distintos sectores productivos y hogares.

El Tesoro logra refinanciar deuda, pero persisten las restricciones financierasEn el mercado de deuda en pesos, el Tesoro había obtenido un resultado favorable en la licitación del 14 de octubre. Frente a vencimientos cercanos a $4,86 billones, adjudicó $6,61 billones sobre ofertas por $9,49 billones, equivalente a un refinanciamiento del 136% y a una absorción neta de aproximadamente $1,75 billones. Alrededor del 41% de la colocación correspondió a una letra a tasa fija con vencimiento en enero de 2027; el resto se distribuyó entre instrumentos vinculados a la inflación, la tasa TAMAR y el dólar, con plazos más extensos. El resultado reveló capacidad para renovar obligaciones y prolongar vencimientos, aunque no debe confundirse con una eliminación de las restricciones financieras.

El Fondo Monetario Internacional aportó otra señal de prudencia. En la edición de octubre de sus Perspectivas de la Economía Mundial redujo al 2,1% su previsión de crecimiento argentino para 2026, desde el 3,5% estimado previamente, y proyectó una expansión del 3,5% para 2027. En materia de precios, elevó sus pronósticos de inflación promedio anual al 32,5% este año y al 21,2% el próximo. La combinación de menor crecimiento esperado y desinflación gradual sintetiza uno de los desafíos del período: consolidar la estabilidad sin que la debilidad de la demanda y la inversión prolongue la recuperación de la economía real.



Estados Unidos vuelve a presionar sobre las tasas globalesEl contexto internacional tampoco ofrece demasiado margen de comodidad. En Estados Unidos, el índice de precios al consumidor de septiembre subió un 0,6% mensual y un 3,7% interanual. El incremento de la gasolina, del 9,1% en el mes, explicó más de la mitad de la variación mensual del índice, en un escenario de tensión sobre la oferta energética. Esas cifras mantienen abierta la discusión sobre la persistencia de la inflación estadounidense y sus consecuencias para las tasas de interés internacionales.

De cara a la reunión de la Reserva Federal del 27 y 28 de octubre, predomina la expectativa de que la autoridad monetaria mantenga su rango de tasas entre el 3,75% y el 4%, aunque numerosos analistas anticipan un nuevo aumento hacia diciembre. El rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a diez años terminó el viernes cerca del 5%. Para las economías emergentes, esa combinación de rendimientos elevados y mayor cautela inversora encarece las condiciones de acceso al crédito externo, aun cuando las tasas no avancen de manera uniforme en todas las jornadas.

Tecnología, petróleo y geopolítica sacuden a los mercadosLas bolsas también reflejaron ese cambio de clima, especialmente entre las grandes compañías vinculadas a la inteligencia artificial. Después de la fuerte corrección tecnológica de la semana anterior, el Nasdaq cedió otro 0,7% entre el lunes y el viernes, con una caída particularmente pronunciada el jueves. El debate ya no se limita al potencial de la inteligencia artificial, sino que alcanza la magnitud del financiamiento necesario para sostener las inversiones en centros de datos, la rentabilidad futura de esos proyectos y la posibilidad de que las valuaciones hayan incorporado expectativas demasiado exigentes. El ajuste, sin embargo, no fue homogéneo entre todas las empresas del sector.



Las tensiones geopolíticas añadieron presión por el canal energético. El barril de Brent cerró el viernes en torno a los US$ 116,7, con un avance semanal de aproximadamente el 6%, impulsado por nuevos temores sobre las interrupciones del suministro en Medio Oriente. Un petróleo más caro complica la reducción de la inflación mundial, deteriora las perspectivas de los países importadores de energía y condiciona las decisiones de los bancos centrales. De este modo, los riesgos geopolíticos y financieros dejaron de ser dimensiones separadas del problema.

Riesgo país arriba de 700 puntos y una economía bajo presiónEn la Argentina, la transmisión de ese entorno se observó con claridad en el mercado de deuda. El riesgo país de JP Morgan alcanzó los 707 puntos básicos al cierre del viernes, frente a los 648 puntos de la semana previa, mientras los bonos soberanos en dólares siguieron bajo presión. Las acciones locales ofrecieron una imagen diferente en la última rueda: el nuevo índice MSCI Merval rebotó un 4,4% en pesos, sostenido especialmente por los papeles bancarios, después de varias sesiones de volatilidad. Esa divergencia ilustra por qué un rebote bursátil puntual no equivale necesariamente a una mejora general de las condiciones de financiamiento soberano.

El balance de la semana, en definitiva, obliga a evitar las lecturas unidimensionales. La moderación de la inflación y los resultados fiscales positivos representan avances relevantes, pero conviven con un EMAE prácticamente estancado, ventas de consumo masivo en retroceso y un riesgo país que volvió a superar los 700 puntos básicos. Al mismo tiempo, la persistencia inflacionaria en Estados Unidos, el encarecimiento de la energía y las dudas sobre las valuaciones tecnológicas mantienen elevado el costo global del capital. Para la Argentina, el desafío no consiste solamente en preservar el orden nominal y fiscal, sino también en transformarlo en una recuperación más amplia de la producción, el consumo y la inversión, sin perder de vista un mundo financiero cada vez más exigente.