La recesión es inevitable. El dato del EMAE, que marcó una caída interanual del 1,7% en agosto y un rebote ínfimo del 0,1% en la medición mensual contra julio, condena a la Argentina de Javier Milei a caer en lo que se denomina técnicamente una recesión (dos trimestres consecutivos de contracción).
El milagro tiene un número: como apunta el economista de Equilibra, Gonzalo Carrera, a lo sumo, en septiembre, la actividad vuele 8,5%, no se podrá evitar. Más allá de inverosímil que puede ser alcanzar ese registro, lo más preocupante para los economistas es el «ajuste» hacia abajo de lo que será el PBI de 2026. Vale recordar que el consenso del REM habla de una economía que crecería tan solo 1,5% este año. «Las estimaciones para 2026 van a volver a corregirse a la baja; esto ya está pegando en el palo del arrastre estadístico que dejó 2025», advirtió Gabriel Caamaño, de Outlier.
Para Lorenzo Sigaut Gravina, de Analytica, incluso tomando la tendencia ciclo del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), el PIB de Argentina está planchado. «A esta altura lo más probable es que en 2026 el crecimiento promedio anual sea de 1% o menos. Y eso que contamos con la locomotora de minería, energía y agroindustria», afirmó.
La economía se estanca y las proyecciones para 2026 caenIncluso Antonio Aracre, ex Syngenta y devenido en ultra oficialista (de hecho conduce un programa en Canal 7 con Ramiro Castiñeira, de Fundación Faro) tuvo que reconocer la flojedad de la economía libertaria. «Sin un impulso fuerte de inversiones, parece difícil que el año termine con una actividad más vigorosa. El RIGI fue más pródigo en anuncios hasta ahora que en el avance de las ejecuciones de los proyectos. Hay que acelerar ahí.», apuntó.
«No esperamos que la economía cambie rotundamente la dinámica de los últimos meses. Podrán volver a verse meses con crecimiento, pero vemos una economía moviéndose tibiamente, sin drivers claros que empujen un crecimiento más robusto para el corto plazo», advierte la consultora LCG.
Consumo, crédito e inversión: los motores que no arrancanSostiene que el consumo tiene un fuerte lastre con la caída del poder adquisitivo del salario formal y una menor tracción del crédito (de hecho, ya el segundo trimestre mostró una baja de 2,4% trimestral). «La inversión lleva 5 trimestres de caída y posiblemente esté entrando en una nueva fase de wait and see típica de un período electoral, por lo que tampoco podrá aportar», recuerdan.
Y el gasto público tiene que ir acompañando la caída de la recaudación para mantener el superávit primario, lo cual tiene un efecto contractivo. «La apuesta es a la recuperación sostenida de las exportaciones netas (por suba de exportaciones y baja de importaciones), pero por ahora solo está concentrada en un puñado de sectores pujantes con poco derrame hacia el resto», agrega LCG.
En este escenario, la proyección del mercado de un crecimiento de 1,5% para 2026 «ya la vemos como un techo», dice LCG. «En efecto, corregimos nuestra estimación a la zona del 1% anual, bastante menos de la proyección oficial de 3% anual plasmada en el proyecto del Presupuesto 2027 (la que demandaría un crecimiento del 3,7% mensual en los próximos 4 meses)», alertan.
Milei, el bolsillo y la elección presidencial de 2027En el Gobierno entienden que su destino en las presidenciales de 2027 depende de la economía y, puntualmente, del bolsillo de los votantes. Las encuestas, que son fotos con metodologías distintas, muestran un escenario abierto. Giacobbe, en un relevamiento de fines de septiembre y principios de octubre, le dio 36% de imagen positiva a Javier Milei. Zuban Córdoba, en cambio, midió 65,3% de desaprobación de la gestión y 61,9% de consultados que votaría un cambio de gobierno.
La oposición, por ahora, no capitaliza del todo. En la encuesta de Isasi Burdman, Milei lideraba con 39% y el peronismo quedaba segundo, dividido entre varios dirigentes. La política también juega: otra medición indica que una candidatura de Mauricio Macri le restaría apoyo a Milei y podría forzar un balotaje.
