Científicos alertan que el cambio climático acelera la aridificación y degradación de tierras

Científicos alertan que el cambio climático acelera la aridificación y degradación de tierras

Científicos alertan que el cambio climático acelera la aridificación y degradación de tierras

Buenos Aires, 11 octubre (PV) — El cambio climático aumenta la presión sobre el nordeste de Brasil y puede acelerar los procesos de aridificación y degradación de las tierras en la Caatinga, donde la subida de las temperaturas se suma a la vulnerabilidad de los ecosistemas y la presión ejercida por las actividades humanas, explicaron especialistas a Xinhua.

“Proyecciones de clima futuro en escenarios de alto calentamiento global indican que hasta el 50 % del semiárido de la Caatinga se tornaría semidesierto”, señaló el investigador del Centro Nacional de Monitoreo y Alertas de Desastres Naturales (Cemaden) José Marengo.

El investigador sostuvo que “el cambio climático y la degradación de la tierra pueden actuar conjuntamente y aumentar la vulnerabilidad de estas regiones” con posibles efectos sobre la disponibilidad de agua, la producción agrícola, la biodiversidad y las condiciones de vida de millones de personas. Destacó además la necesidad de diferenciar entre los distintos fenómenos.

“La aridez es una condición climática, la sequía es un evento o período de déficit hídrico, la desertificación es un proceso de degradación de la tierra”, señaló el científico en este informe al que tuvo acceso la Agencia Noticias Argentinas.

Y añadió: “Combatir la desertificación no significa apenas combatir el avance del desierto, sino construir sistemas socioecológicos capaces de soportar sequías más frecuentes e intensas, temperaturas más elevadas y mayor variabilidad climática”.

Investigación

Una investigación publicada este año por Luiz Bueno da Silva, de la Universidad Federal de Paraíba, refuerza esta preocupación.

El estudio analizó la evolución de la productividad de la Caatinga entre 2004 y 2024 y evaluó el impacto de los factores climáticos y de los cambios en el uso de la tierra. “Nuestro estudio muestra que el estrés térmico ya constituye un factor limitante para la productividad de la Caatinga”, expresó Bueno.

El investigador mostró que el estrés térmico asociado al cambio climático tuvo un impacto en el 26,1 por ciento del territorio analizado, mientras que los cambios en el uso y la cobertura del suelo representaron un factor relevante en el 17,4 %.

“Los resultados muestran que la Caatinga enfrenta una doble amenaza: el estrés térmico crónico provocado por el cambio climático y la fragmentación causada por las actividades humanas”, ilustró.

Según Bueno da Silva, “la conservación y la restauración de la vegetación son fundamentales para recuperar la resiliencia ecohidrológica de la Caatinga frente a la aridificación y la desertificación”.

Los efectos del cambio climático también comienzan a reflejarse en la clasificación climática de algunas zonas del Nordeste.

Investigaciones del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe) y del Cemaden identifican una zona de clima árido en el norte de Bahía y Pernambuco.

Según los investigadores, esta circunstancia podría estar relacionada con la sequía prolongada registrada entre 2012 y 2018, aunque la aparición de un clima árido no significa que exista desertificación.

“Es importante no confundir aridez con desertificación. La desertificación implica un proceso de degradación de las tierras que puede ser agravado por el cambio climático”, insistió Marengo.

Para Bueno da Silva, los resultados muestran la necesidad de combinar políticas climáticas y de conservación.

“La restauración de la vegetación puede ayudar a recuperar la capacidad del ecosistema de responder a las variaciones climáticas y reducir su vulnerabilidad”, subrayó.

El Monitor de Sequías de la Agencia Nacional de Aguas y Saneamiento Básico (ANA) mostró en agosto que el 90 % del territorio de la región presentaba afectación, mientras que el 16 por ciento padecía sequía grave.

“La agenda científica está cambiando de una respuesta a la sequía hacia una estrategia de resiliencia a la sequía, que incluye monitoreo, alerta temprana, planificación hídrica y adaptación agrícola”, afirmó Marengo.

El 75 % de las selvas tropicales del mundo sufrió al menos seis meses de sequía y calor extremos como efecto del fenómeno climático de El Niño entre 2023 y 2024, escenario negativo que podría ser habitual en las próximas dos décadas si no se reducen las emisiones de gases de efecto invernadero, reveló un estudio divulgado hoy en la ciudad brasileña de Sao Paulo.

El estudio, difundido por la estatal Fundación de Apoyo a la Investigación del Estado de Sao Paulo (FAPESP, siglas en portugués), alerta de los efectos negativos sobre la selva con mayor biodiversidad del planeta, la Amazonia, de la cual Brasil posee el 60 % del territorio. 

“El Niño es uno de los grandes moduladores del clima global.  Al procurar entender sus impactos, podemos encontrar diversos desdoblamientos para las selvas, como comprender los mecanismos que llevan a la mortalidad de los árboles”, comentó el biólogo brasileño Peter Groenendijk, coautor del estudio y profesor del Instituto de Biología de la Universidad de Campinas (Unicamp), en Sao Paulo.

El científico precisó que una de las principales innovaciones del estudio fue analizar de manera conjunta la sequía y el calor durante un mismo episodio de El Niño para su comparación con escenarios climáticos futuros.

La voz de una científica

Por su parte, la científica de la Universidad de Gante en Bélgica y coautora de la investigación, Johanna Van Passel, subrayó que el futuro dependerá de las emisiones, el uso de combustibles fósiles y la capacidad de la sociedad para actuar.

“La previsión es mala, pero tenemos opciones, tenemos que actuar”, expresó la científica, al presentar la investigación financiada en la parte brasileña por la FAPESP y publicada en la revista científica “Earth’s Future”.

La Amazonia aparece como la región más vulnerable con una probabilidad de sufrir sequías de una severidad similar a la registrada en 2023-2024, pero hasta nueve veces mayor hacia finales de siglo bajo escenarios de altas emisiones, incluso durante años sin influencia de El Niño.

El estudio advierte que el estrés provocado por la combinación prolongada de calor y sequía puede llevar a las selvas tropicales a un “colapso funcional”.

“Durante El Niño de 2023-2024, el área y la duración de los eventos de sequía y de olas de calor fueron las mayores y más extensas de los últimos 25 años”, agregó Van Passel.

El análisis mostró que las temperaturas elevadas podrían ser al menos seis veces más frecuentes en todas las regiones tropicales, incluso bajo el escenario de menores emisiones. 

Los modelos proyectan una mayor sequía para la Amazonia, América Central, África austral y partes del oriente de Asia, con tendencias hacia condiciones más húmedas en otras zonas tropicales.

Brasil se encuentra en estado de alerta climática por parte de los servicios meteorológicos y Defensa Civil, a raíz del impacto este año y el próximo de los efectos de El Niño, que ya provoca de manera inicial alteraciones de lluvias en el sur del país.

El Niño es un fenómeno climático caracterizado por el calentamiento anormal de las aguas del Pacífico tropical, en especial entre la costa de Sudamérica y la región central del océano.

Agencia NA