Dólar y bolsillo: la cifra que alerta al Gobierno

Dólar y bolsillo: la cifra que alerta al Gobierno


El JP Morgan lo adelantó hace unas semanas y el conjunto de las consultoras locales, reunidas en el relevamiento del Banco Central, lo ratificó: la economía argentina crecería 1,5% este año, la mitad de lo que estimó el Gobierno en la reciente revisión del Presupuesto 2026 y bastante menos que el 5% plasmado inicialmente en la ley de leyes. La apuesta ahora de Javier Milei y Luis Caputo es que la economía levante vuelo. El 4% plasmado en el Presupuesto para 2027 tampoco luce realista para el mercado: se habla de entre 2,5% y máximo 3%. Todo dependerá de cómo termine este año y si, finalmente, la economía entra en una recesión técnica o no.

La aspiración del Gobierno sigue siendo la de bajar la inflación y evitar una crisis cambiaria. Esta última casi asegurada después de que Scott Bessent avisara que no tendría ningún problema en salir a auxiliar a Milei como lo hizo en 2025. Más allá de la exageración habitual del Gobierno, tienen una «bazooka» no menor que si bien no son los anunciados US$ 75.000 millones, no son pocos dólares. La consultora Eco Go habla de un margen en futuros de hasta US$ 15.000 millones prácticamente libre, cobertura dollar-linked por US$ 10.322 millones y un stock en manos privadas de US$ 13.613 millones entre dollar-linked y Duales.

¿Se pueden ganar elecciones basándose únicamente en los avances contra la inflación? Esa es la pregunta que se hace el poderoso UBS. Y explica: «Para los argentinos, la inflación ha sido un problema determinante de la vida moderna: los gobiernos peronistas han presidido situaciones de desorden económico y alza de precios, mientras que políticos de corte más ortodoxo han intentado restablecer el equilibrio sin perder el respaldo social en medio de dolorosos ajustes de política. Si los votantes evalúan a Milei por la inflación, consideramos que aprueba con nota».



«Su administración alejó al país del abismo de la hiperinflación y lo condujo hacia un equilibrio inflacionario aparentemente funcional —aunque todavía elevado— de alrededor del 30% interanual. Sin embargo, las encuestas recientes cuentan una historia distinta: cuando se pregunta a los argentinos por su principal preocupación, la inflación figura ahora en los últimos lugares de la lista», dice, con cierta sorpresa, UBS.

La entidad suiza y una de las más importantes del mundo admite que «las prioridades de la ciudadanía han cambiado hacia los niveles de ingresos, la incertidumbre económica y el empleo». «Esto ilustra claramente la capacidad de los votantes para modificar sus expectativas en cuanto se satisface una necesidad. ¿Qué estaremos observando? La evolución de la actividad económica y del empleo está en nuestro radar», afirma UBS marcando la nueva preocupación de los argentinos.

El banco confía en que Milei no levantará el pie del acelerador en materia de desinflación, «aun cuando ahora se requiera un enfoque gradualista». Pero advierten que la continuidad del proceso de reformas «depende de que mejore el bolsillo de la gente a medida que se acercan las elecciones».



«Es posible que los votantes estén dispuestos a soportar ajustes dolorosos si perciben avances creíbles y una vía clara hacia mejores niveles de vida. Sin embargo, el costo político de la austeridad aumenta con el paso del tiempo. A menos que el crecimiento del empleo y de los ingresos reales se haga más evidente, la administración de Milei podría empezar a enfrentar dificultades en cuanto a su respaldo político», alerta UBS.

En la misma línea se pronunció la calificadora de riesgo Standard & Poor’s. Bajaron la proyección de crecimiento del PIB a 2,2% (igualmente de lo más alto del mercado). «Si bien los sectores de la minería y la agricultura han tenido un buen desempeño este año, no ha sido suficiente para compensar la debilidad de los sectores intensivos en mano de obra, como la manufactura y los servicios», remarca la agencia.

S&P espera que el crecimiento se amplíe a los sectores que han mostrado debilidad en los últimos trimestres a medida que la inflación continúe moderándose. Y si bien proyectan que el crecimiento del PIB repunte a 2,9% en 2027, «prevemos una volatilidad significativa en el periodo previo a las elecciones generales de octubre del próximo año».



 

En el Gobierno ya avisan que no habrá cambios de rumbo y que este es el único camino posible. Descartan cualquier acción heterodoxa para que la economía funcione a mayor velocidad. Léase, los sectores perdedores seguirán perdiendo y los ganadores quedarán traccionando con la esperanza de que haya «derrame».

En ese dilema, la cuestión cambiaria es clave. El ancla del dólar, junto con el fiscal, es inalterable. Incluso Alberto Ades, el economista invitado por Javier Milei a hablar frente al Gabinete, lo planteó en su presentación.



«El peso está caro», dice Ades. Pero recordó que los países que funcionan terminan caros en dólares. Los ejemplos que dio frente a Milei y el resto de los funcionarios fueron Corea («primero ganó productividad con un tipo de cambio competitivo, y la apreciación llegó después»), Israel («después del plan de 1985, la apreciación real acompañó décadas de inversión y de exportaciones tecnológicas») y Chile («con apertura y regla fiscal, la apreciación se sostuvo por la inversión, no solo por el cobre»).

¿Dónde está la diferencia? Ades dice que si la apreciación viene acompañada de productividad, es una buena señal; si no, tarde o temprano se corrige. «Contar los dólares que entran no alcanza, porque pueden venir por precios o por deuda. Hay que mirar la inversión y la productividad por trabajador. Y hay una paradoja: el capital estratégico que entra por el RIGI aprecia todavía más el peso, justo cuando el tipo de cambio real ya está en el nivel de 2017», sostuvo.

El diagnóstico del economista que vive en Nueva York es que el peso está más caro que antes de la corrida de 2018. Está 29% por debajo del promedio de 23 años. Y planteó tres alternativas frente a la fortaleza del peso:



Más superávit fiscal: «Retira demanda doméstica y, con pesos genuinos, el Tesoro compra dólares sin emitir. Riesgo: exige más ajuste en el año electoral, y la credibilidad atrae capitales que empujan al revés. Resultado: es el único que deprecia el tipo de cambio real y acumula reservas a la vez».Devaluación discrecional: «Corrige el tipo de cambio nominal de un golpe. Riesgo: sin menos absorción, el salto se traslada a precios en pocos meses. Resultado: la depreciación real dura poco y el costo en credibilidad queda».Reformas de productividad: «Aprecia el tipo de cambio real de equilibrio y el nivel de hoy deja de ser atraso. Riesgo: requiere tiempo y capital político y no resuelve la transición. Resultado: valida el peso fuerte en lugar de corregirlo, pero recién a largo plazo».Ades afirma que el programa juega al tercer camino, pero el instrumento disponible hoy es el primero. «El tipo de cambio fija el precio relativo y el fisco fija la absorción: sin lo segundo, lo primero se licúa. Cada punto extra de superávit es demanda que se retira y reservas que se compran sin deuda», concluyó el economista más escuchado por Milei.

Observación editorial: revisaría la frase «Esta última casi asegurada después de que Scott Bessent avisara…». Por el contexto, parece que se quiso decir que está casi asegurada la posibilidad de evitar una crisis cambiaria, no la crisis en sí.