Jessica Pegula y Emma Navarro protagonizaron uno de los partidos con mayor poder económico familiar en la historia del tenis. Las estadounidenses se enfrentaron por los cuartos de final del US Open en el estadio Arthur Ashe, pero el cruce trascendió lo estrictamente deportivo por una cifra extraordinaria: las fortunas estimadas de sus padres alcanzan, en conjunto, los US$ 15.000 millones.
El dato no corresponde al dinero ganado por las jugadoras ni a sus patrimonios personales, sino a los imperios empresariales construidos por Terry Pegula y Ben Navarro, dos multimillonarios con fuertes inversiones dentro del deporte estadounidense.
Dentro de la cancha, Pegula se impuso por 3-6, 6-4 y 6-3 después de remontar un encuentro que había comenzado favorablemente para su compatriota. La número tres del ranking necesitó tres sets para conseguir su quinta victoria consecutiva frente a Navarro y avanzar por tercer año seguido a las semifinales del Grand Slam neoyorquino.
El enfrentamiento fue denominado como «el partido de los US$ 15.000 millones» o la «batalla de las multimillonarias». De acuerdo con las últimas estimaciones difundidas por Forbes, Terry Pegula posee una fortuna cercana a los US$ 11.800 millones, mientras que el patrimonio de Ben Navarro ronda los US$ 3.200 millones.
La riqueza de la familia Pegula tiene su origen principalmente en la industria del petróleo y el gas natural. Terry Pegula construyó buena parte de su patrimonio mediante East Resources, compañía energética cuyos activos vendió a Royal Dutch Shell en 2010 por aproximadamente US$ 4.700 millones. Años después concretó otra operación con American Energy Partners por cerca de US$ 1.750 millones.
Luego de consolidar su fortuna en el sector energético, el empresario amplió su presencia en el negocio deportivo. En 2011 adquirió los Buffalo Sabres de la NHL por alrededor de US$ 189 millones y, tres años más tarde, pagó US$ 1.400 millones por los Buffalo Bills de la NFL, una cifra récord para una franquicia de la liga en aquel momento.
La compra de los Bills estuvo rodeada de nombres de alto perfil. Pegula se impuso en el proceso a otros grupos interesados, entre ellos uno vinculado con el cantante Jon Bon Jovi, y también superó una propuesta del actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Desde entonces, la fuerte expansión comercial de la NFL multiplicó el valor de la franquicia y convirtió al equipo en el principal activo deportivo de la familia.
Kim y Terry Pegula, los propietarios de los Buffalo Bills.
En el caso de Navarro, su padre construyó su fortuna en el negocio financiero. Ben Navarro cofundó Sherman Financial Group en 1998 y desarrolló un conglomerado dedicado al crédito al consumo y la administración de deudas, con una participación relevante en Credit One Bank. También encabeza Beemok Capital, una firma de inversión con presencia en el deporte, el turismo, el entretenimiento y los bienes raíces.
Su vínculo con el tenis excede ampliamente la carrera profesional de Emma. A través de Beemok, Navarro controla el Charleston Open, torneo WTA 500 que adquirió en 2019, y también es propietario del Cincinnati Open, una de las principales competencias del calendario estadounidense y perteneciente a las categorías Masters 1000 y WTA 1000.
Beemok compró los derechos del torneo de Cincinnati a la Asociación de Tenis de Estados Unidos en 2022 por una cifra cercana a los US$ 261 millones. Posteriormente, Navarro impulsó una inversión multimillonaria para ampliar y modernizar el Lindner Family Tennis Center, con el objetivo de mantener la competencia en Ohio y potenciar su crecimiento comercial.
Los padres de Emma Navarro en Wimbledon.
La dimensión de los negocios familiares contrasta incluso con los premios repartidos por el certamen. El US Open cuenta en 2026 con unos premios económicos récord de US$ 108 millones, la mayor en la historia del tenis, y entregará US$ 5,5 millones a cada campeón individual. Sin embargo, ese monto representa menos del 0,04% del patrimonio combinado de las familias Pegula y Navarro.
Aunque ambas crecieron respaldadas por fortunas multimillonarias, construyeron sus propias carreras dentro del circuito. Jessica Pegula ocupa el tercer puesto del ranking femenino, ganó 11 títulos y fue finalista del US Open en 2024. Emma Navarro, ubicada en el puesto 27, conquistó tres trofeos, alcanzó el octavo lugar de la clasificación mundial y disputó las semifinales del Grand Slam neoyorquino hace dos temporadas.
Pegula también convirtió su apellido en una marca propia. La estadounidense lanzó proyectos vinculados con la gastronomía, los productos de cuidado personal y las acciones benéficas, al tiempo que acumuló ingresos por premios y contratos publicitarios. Navarro, por su parte, recorrió un camino menos tradicional: fue campeona individual de la NCAA en 2021 con la Universidad de Virginia antes de consolidarse en el circuito profesional.
Con su victoria, Pegula alcanzó los 50 triunfos durante la temporada 2026 y se convirtió en la primera jugadora del circuito femenino en llegar a esa cantidad en el año. Su próximo desafío será ante la número uno del mundo y campeona defensora, Aryna Sabalenka, en una reedición de la final del US Open 2024.
Pegula, Sabalenka, Elena Rybakina y Coco Gauff son, además, las cuatro jugadoras que todavía conservan posibilidades matemáticas de encabezar el ranking femenino en su próxima actualización. De esta manera, la protagonista del partido de los US$ 15.000 millones continuará su camino en Nueva York con un objetivo que el dinero familiar no puede garantizarle: conquistar por primera vez un título individual de Grand Slam.
Emma Navarro y Jessica Pegula, junto a Claudia Romo Edelman.
