La otra morosidad: los niveles de incumplimiento en la industria se quintuplicaron en los últimos 18 meses

La otra morosidad: los niveles de incumplimiento en la industria se quintuplicaron en los últimos 18 meses


El estallido de los índices de morosidad pasó a ocupar el centro del escenario político y económico en Argentina. No es para menos: 5,9 millones de personas registraron en julio atrasos superiores a 90 días en préstamos contraídos tanto con bancos como con Fintech y billeteras virtuales, según datos de la consultora Analytica en base a la Central de Deudores del Banco Central de la República Argentina (BCRA). 

Esa legión de deudores, que se duplicó en los últimos dos años, viene provocando distintas reacciones, desde la presentación de decenas de proyectos en el Congreso por parte de sectores de la oposición para intentar encontrarle una solución al problema hasta la tajante negativa del gobierno a intervenir con el argumento que esas deudas surgieron de préstamos acordados entre privados. 

Mientras ese debate copa la agenda, el salto de la morosidad en otros segmentos permanece más oculto. Según el Centro de Estudios de la Unión Industrial Argentina (CEU-UIA), la mora del sector productivo saltó de 0,7% en diciembre de 2024 a 3,8% en junio de 2026. 



La quintuplicación de la irregularidad de las empresas industriales en apenas dieciocho meses fue impulsada por buena parte de los factores que también llevaron al alza los índices de morosidad de las familias. Después de una fuerte expansión del financiamiento entre fines de 2023 y mediados de 2025, la abrupta suba de las tasas de interés en el tercer trimestre del año pasado no solo frenó el crédito, sino que disparó la tasa de incumplimientos. En octubre del año pasado, las tasas de adelanto en cuenta corriente para personas jurídicas llegaron a alcanzar picos del 190%. Aunque luego de las elecciones parlamentarias bajaron, se mantuvieron en niveles relativamente altos en los meses siguientes.

En un contexto de contracción del consumo interno, fuerte suba de costos y aumento de las importaciones de bienes finales, muchos de los préstamos contraídos por empresas industriales se volvieron impagables. En junio, la mora alcanzaba a 4.231 empresas, el 12% de las compañías industriales con deuda bancaria. El 80% de las empresas en mora eran pagadoras regulares hasta 2024.

 



En ese marco que no admite demasiados festejos, el sector celebra un nuevo Día de la Industria. Para pulsar los efectos del fenómeno de la morosidad y del panorama general de un rubro que representa más del 15% del PBI y el 19% del empleo formal, El Economista conversó con Diego Coatz, socio fundador de la consultora I+D (Industria y Desarrollo) y ex economista jefe y director ejecutivo de la UIA.

-¿Los altos niveles de morosidad llegaron para quedarse en el sector industrial? ¿Qué impacto tiene esa irregularidad sobre las empresas? 

Con el empleo cayendo, el salario real estancado y el freno en el crédito, la mora en las familias termina afectando casi directamente a la industria, sobre todo a las pymes, porque baja el nivel de consumo. Ese escenario de demanda a la baja, con costos en alza para las empresas, hace que también suba fuerte la mora en las industrias: sin recuperación de la actividad, esas 4.000 a 4.500 empresas que hoy están en situación de mora tienen riesgo de no poder aguantar. 



-¿El salto de la morosidad está volviendo más reticentes a los bancos a la hora de otorgar crédito a las empresas industriales?

Los bancos ya tienen señales de la macro de que no tendrán mayor nivel de liquidez, mientras que de la micro surge en muchas de sus carteras que crece la mora. Eso, sumado a que los bancos no están acostumbrados a prestarles a las pymes, marca que el crédito claramente no será un factor dinamizador de la actividad. Con la política macroeconómica actual, que tiene a los encajes y a las tasas de interés como variable central para controlar al tipo de cambio, no se visualiza un escenario en el que el crédito empuje a la actividad. Es muy importante bajar la inflación, todo el mundo está de acuerdo en que el orden y la estabilidad son activos muy importantes, pero tampoco sirve de nada la paz de los cementerios.

-¿Qué medidas podría tomar el gobierno para dinamizar el crédito?



Una opción sería reducir los encajes bancarios y ampliar las franquicias para dar más liquidez al sistema financiero. Eso, que es central hacerlo rápido, se podría combinar con el fondo de garantías como mecanismo de apalancamiento para que bancos públicos y privados puedan ampliar su cartera crediticia. El FOGAR es un fondo de garantía que quedó de la pandemia y que tiene U$S 1.500 millones. Una parte del riesgo puede asumirlo el FOGAR. Eso, en un marco en que los bancos tienen resistencia a prestar por los altos niveles de mora, podría bajar un poco el riesgo y ampliar el crédito. El pragmatismo tiene que ser un activo porque hoy el panorama es claramente negativo. Desde mediados de 2023 se han cerrado casi 5.000 industrias y el sector viene perdiendo empleo. Son ya 90.000 empleos directos perdidos más otros 40.000 indirectos. La producción en promedio está alrededor de 11% por debajo del nivel de 2022. 

 

– ¿Los costos siguen subiendo a mayor velocidad que los precios industriales?



Hay un «efecto sandwich». Los costos en dólares, como la energía, producto también del ancla cambiaria, siguen subiendo y eso no se puede trasladar a precios porque la demanda está muy débil. Entonces, eso termina afectando los márgenes, el capital de trabajo y después la caja de las empresas. En 2024 era normal que hubiera una baja de márgenes dado que el año anterior se venía trabajando con márgenes altos producto de que nadie sabía a qué precio iba a poder pagar las importaciones, por ejemplo. Sin embargo, que los costos sigan subiendo muy por encima de los precios está generando problemas importantes. En los últimos dos años, el promedio de los precios de salida de fábrica creció 145%, el Índice de Precios al Consumidor fue de 240% y los servicios aumentaron arriba del 400%. Eso está generando un cambio de precios relativos y un problema delicado en la vida diaria de sectores industriales. 

-Si el rumbo económico actual se mantuviera sin grandes cambios y no se aplicaran medidas específicas para el sector, ¿cuál sería el efecto sobre la industria?

Si seguimos así, más que un proceso de destrucción creativa vamos a otro de destrucción regresiva, donde se pierden empresas y empleos formales y aumentan los empleos precarios, lo que achica la clase media. Para este año estamos calculando entre directos e indirectos una pérdida de más de 100.000 puestos de trabajo, y una pérdida de empresas en torno a 3.000. Y eso continuaría también en el 2027. Argentina tiene una oportunidad, pero hay un problema en el diseño de la macroeconomía actual: los dólares de Vaca Muerta y de la minería sirven para estabilizar, pero no están llegando a la actividad, al consumo y la inversión. En la agenda micro, hay que pensar Super RIGIs muy audaces para todo el ecosistema de los sectores ganadores porque lo peor que puede pasar es que con el dumping y las políticas agresivas sobre todo de países asiáticos, se terminen trayendo equipamientos, materiales para la construcción y campamentos de China a precios subsidiados. Hay que generar una red de incentivos para que los 1.000 proveedores que hoy abastecen a Vaca Muerta y a la minería se cuadripliquen. Los sectores ganadores tienen que ser ganadores porque de lo contrario, la economía va a entrar en un terreno de aumento del desempleo y de la informalidad que va a derivar en una nueva frustración. Los recursos naturales son una gran oportunidad, pero tienen que traducirse en la macro en crecimiento y en la micro en un ecosistema de proveedores, y eso requiere de una política productiva, tecnológica e industrial como hace todo el mundo.