¡Gracias, capitán!

¡Gracias, capitán!

Hay noticias que, por más esperadas que sean, no dejan de doler cuando finalmente llegan. Lionel Messi anunció este lunes su retiro definitivo de la Selección Argentina y puso punto final a una historia extraordinaria de 21 años con la camiseta albiceleste, una etapa que atravesó generaciones, cambió para siempre su vínculo con el país y dejó algunos de los momentos más importantes de la historia del deporte argentino.

A los 39 años y apenas 43 días después de disputar la final del Mundial 2026⁠, el capitán comunicó una decisión que había comenzado a madurar inmediatamente después de aquella derrota en Nueva Jersey. Su último partido con Argentina fue precisamente la caída ante España, una noche que terminó con Messi llorando sobre el césped del MetLife después de haber conducido nuevamente al equipo hasta una definición mundialista.

El anuncio llegó a través de una extensa carta publicada en sus redes sociales⁠, acompañada por un emotivo video que recorre toda su trayectoria con el seleccionado argentino⁠. Allí, el rosarino reconoció que se trató de una determinación profundamente dolorosa y resumió su estado con una frase que rápidamente recorrió el mundo: «Me vacié, ya no tengo más para dar».



La decisión había sido tomada mucho antes de hacerla pública. El propio Messi reveló que escribió sus palabras de despedida el 21 de julio, apenas dos días después de perder la final del Mundial, aunque decidió guardarlas durante varias semanas. La posterior muerte de su padre, Jorge Messi, terminó de reafirmar una determinación que ya había comenzado a tomar forma. «Hoy después de lo de mi papá, estoy más convencido que antes», explicó al final del mensaje.

De esta manera se terminó una etapa difícil de dimensionar únicamente a través de números. Messi se va de la Selección Argentina después de 207 partidos y 125 goles, como el futbolista con más presencias y el máximo goleador de toda la historia argentina, entre otros récords. Pero su recorrido estuvo marcado por mucho más que estadísticas: atravesó derrotas devastadoras, críticas que durante años cuestionaron su identificación con el seleccionado, una primera renuncia en 2016 y una reconstrucción que finalmente lo llevó a ganar prácticamente todo.

Su historia con la Mayor comenzó el 17 de agosto de 2005, cuando tenía apenas 18 años e ingresó frente a Hungría en Budapest. El estreno fue tan breve como inesperado: fue expulsado pocos segundos después de entrar por una acción que el árbitro interpretó como una agresión. Nadie podía imaginar entonces que aquel adolescente terminaría construyendo la trayectoria internacional más extensa y productiva de un futbolista argentino.

Para entonces ya había dejado su primera gran huella con la camiseta nacional. Meses antes había sido la figura de la Argentina campeona del Mundial Sub-20 de Países Bajos 2005, donde terminó como goleador con seis tantos y recibió el Balón de Oro al mejor jugador. Tres años después agregó otra conquista fundamental: la medalla dorada en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008.



Su primer gol con la Selección Mayor llegó el 1° de marzo de 2006 frente a Croacia y, pocos meses después, disputó el primero de sus seis Mundiales. Alemania 2006 inició un recorrido que continuaría en Sudáfrica 2010, Brasil 2014, Rusia 2018, Qatar 2022 y finalmente Estados Unidos, México y Canadá 2026. Ningún argentino participó en tantas Copas del Mundo.

Pero el camino estuvo lejos de ser lineal. Durante buena parte de su carrera, Messi convivió con una exigencia descomunal alrededor de cada actuación con Argentina. Se lo comparó constantemente con Diego Maradona, se cuestionó que hubiera desarrollado prácticamente toda su formación futbolística en España e incluso se instaló durante años la idea de que no rendía con la Selección al mismo nivel que con Barcelona.



Las derrotas profundizaron aquel escenario. Argentina perdió la final de la Copa América 2007 frente a Brasil y, más tarde, quedó a un paso de la gloria en el Mundial de Brasil 2014, cuando Alemania se impuso 1-0 en tiempo suplementario. Messi fue elegido mejor jugador de aquella Copa del Mundo, pero abandonó el Maracaná con una imagen que durante años pareció sintetizar su relación con la Selección: muy cerca del título que más deseaba y, nuevamente, sin poder alcanzarlo.

Después llegaron dos golpes consecutivos frente a Chile. Argentina perdió por penales las finales de la Copa América 2015 y de la Copa América Centenario 2016. Tras aquella segunda caída, también disputada en el MetLife Stadium, Messi anunció por primera vez que no continuaría en la Selección. «Ya está, se terminó para mí. Lo intenté mucho, me duele más que a ninguno no poder ser campeón con Argentina, pero es así, no se dio y lamentablemente me voy sin poder conseguirlo. Es increíble pero no se me da, evidente tiene que ser así», dijo entonces, agotado después de acumular varias finales sin conseguir un título con la Mayor.

⚽️🇦🇷Hace siete años, Lionel Messi decía: «Se terminó para mí la Selección. Es increíble, pero no se me da».Cuanto pasó desde el 27/6 de 2016 hasta hoy, pero cuanto le agradezco a Dios o a lo que sea que haya hecho que te quedes.⭐️⭐️⭐️pic.twitter.com/RCh4yY2iJ0— Cristian Brossy 🎙️ (@CristianHB77) June 27, 2023



Sin embargo, volvió. Y aquella decisión terminó cambiando definitivamente su historia. Tras un complicado Mundial de Rusia 2018 apareció el ciclo encabezado por Lionel Scaloni, una renovación deportiva y generacional que reconstruyó al seleccionado alrededor de su capitán. Poco a poco cambió también el vínculo de Messi con el público argentino. El futbolista que durante años había sido señalado por las derrotas pasó a convertirse definitivamente en el líder emocional y futbolístico de una generación.

El 10 de julio de 2021 llegó finalmente la liberación. Argentina venció 1-0 a Brasil en el Maracaná y conquistó la Copa América, terminando con una sequía de 28 años sin títulos para la Mayor y con la larga espera personal de Messi. Aquella noche abrió la puerta al período más exitoso de su carrera internacional.

En junio de 2022 llegó la Finalissima contra Italia en Wembley y, seis meses después, la consagración que terminó de transformar todo: el Mundial de Qatar 2022⁠. Messi marcó siete goles durante el torneo, fue decisivo en prácticamente todas las fases y levantó la Copa del Mundo después de la inolvidable final ante Francia. A los 35 años consiguió el título que había perseguido durante toda su vida deportiva y fue elegido nuevamente mejor jugador del campeonato.



La Copa América 2024 amplió todavía más la etapa dorada. Argentina volvió a consagrarse campeona continental y Messi sumó su cuarto título con la Mayor: dos Copas América, una Finalissima y un Mundial. Para entonces, aquella discusión que durante años había acompañado cada una de sus convocatorias había quedado definitivamente enterrada.

Messi levantando la Copa del Mundo en Qatar 2022; el capitán pudo cumplir aquello que soñó a ojos abiertos en las canchitas del fútbol infantil de Rosario. (@Argentina)

Sin embargo, todavía faltaba un último capítulo. Y fue extraordinario. Messi llegó al Mundial 2026 con 38 años (cumplió 39 en pleno torneo) y afrontó su sexta Copa del Mundo rodeado por el interrogante lógico sobre cuánto podía seguir aportando en el máximo nivel. La respuesta llegó rápidamente. Marcó ocho goles y entregó cuatro asistencias, fue uno de los grandes protagonistas del campeonato y condujo a Argentina hasta una nueva final. Solo Kylian Mbappé, con diez tantos, terminó por encima suyo en la carrera por la Bota de Oro.



Su torneo comenzó con un hat-trick frente a Argelia en su partido número 200 con Argentina⁠, continuó con un doblete frente a Austria y goles ante Jordania, Cabo Verde y Egipto. También volvió a ser determinante en las instancias eliminatorias y brindó dos asistencias en la semifinal ante Inglaterra para meter nuevamente a la Selección entre los dos mejores equipos del mundo.

Aquella última Copa también terminó de pulverizar una serie de registros que parecían imposibles. Messi cerró su carrera mundialista con 34 partidos, 21 goles y 12 asistencias, y quedó como el segundo máximo goleador de la historia de la competición, solo por detrás de Mbappé, que finalizó el torneo con 22. Además, acumuló 23 victorias y se convirtió en el futbolista con más triunfos en la historia de los Mundiales.

También fue el primer jugador en ser titular en tres finales mundialistas, luego de disputar las definiciones de Brasil 2014, Qatar 2022 y Estados Unidos 2026, y uno de los pocos futbolistas de la historia en participar en seis ediciones diferentes. Su registro de 34 encuentros amplió todavía más la distancia respecto de las grandes leyendas que dominaron durante décadas las estadísticas de la competencia.



El final no tuvo la imagen perfecta que muchos habían imaginado. Argentina perdió ante España y Messi terminó llorando sobre el campo de juego. Pero aquella derrota difícilmente pueda reducir lo ocurrido durante el torneo: a los 39 años volvió a ser una de las figuras de una Copa del Mundo, anotó ocho goles, entregó cuatro asistencias y llevó al campeón defensor hasta otra final.

Quizás por eso su retiro genera una sensación diferente. No se va un futbolista que había dejado de ser determinante ni alguien que simplemente ocupaba un lugar por lo que había representado en el pasado. Messi se despide de la Selección Argentina todavía siendo capaz de definir partidos y de cambiar por completo el destino de una competición. La final frente a España fue su encuentro número 207 y el último de una historia que había comenzado 21 años antes en Budapest.

Las lágrimas de Messi tras perder la final del Mundial 2026. (Foto: AFP/Paul Ellis)



Sus números definitivos ayudan a dimensionar el vacío que deja. Con 207 presencias, terminó con una distancia enorme sobre Javier Mascherano (147) y Ángel Di María (145) entre los futbolistas que más veces representaron a la Selección Argentina. Sus 125 goles también establecieron una diferencia abrumadora respecto de Gabriel Batistuta, que durante años había sido el máximo artillero argentino con 56.

A eso se agregan sus registros en la principal competencia del planeta: seis Mundiales, tres finales, 34 partidos, 21 goles y 12 asistencias. Desde su primer tanto mundialista frente a Serbia y Montenegro en Alemania 2006⁠ hasta sus ocho conquistas en 2026 pasaron exactamente dos décadas de una continuidad difícil de imaginar para cualquier futbolista.

Pero probablemente su mayor legado no pueda medirse únicamente en números, goles o trofeos. Más allá de las noches inolvidables y de las conquistas que hicieron festejar a todo un país, una de las huellas más profundas de Messi quedó en las generaciones de chicos y jóvenes que crecieron viéndolo vestir la camiseta argentina y que encontraron en su historia algo que trascendió al fútbol.



Porque durante muchos años también lo vieron perder. Lo vieron quedarse a las puertas de un Mundial, caer en finales de Copa América, soportar cuestionamientos y cargar con una exigencia que parecía aumentar después de cada frustración. Y, sobre todo, lo vieron volver a intentarlo. Incluso después de aquella renuncia en 2016, cuando parecía agotado por las derrotas, regresó para perseguir una vez más aquello que durante tanto tiempo se le había negado.

En ese recorrido quizás aparezca una de las enseñanzas más poderosas que deja su carrera: la grandeza no consiste únicamente en ganar, sino también en tener la capacidad de levantarse después de perder. Messi necesitó más de 15 años desde su debut con la Mayor para conquistar su primer título y, cuando finalmente rompió esa barrera, encadenó la Copa América 2021, la Finalissima 2022, el Mundial de Qatar y la Copa América 2024.



Por eso la consagración en Qatar tuvo una dimensión que excedió aquella final frente a Francia. Argentina no solamente vio a su capitán levantar la Copa del Mundo: vio ganar al futbolista que había pasado buena parte de su carrera intentando conseguirla. Después de tantas derrotas, críticas y oportunidades perdidas, la imagen de Messi levantando el trofeo terminó convirtiéndose también en la recompensa a una perseverancia extraordinaria.

Ese recorrido explica buena parte de la identificación que construyó especialmente con los más jóvenes. Para millones de chicos, Messi fue mucho más que el mejor futbolista de su generación: fue el capitán de la Selección que conocieron desde que empezaron a mirar fútbol, el número 10 que aparecía en cada Mundial y el nombre que se multiplicó durante años en camisetas, potreros, plazas y clubes de barrio de todo el país.



También construyó ese vínculo desde una manera particular de ejercer su liderazgo. Sin grandes estridencias y con un perfil que durante años incluso fue cuestionado, terminó convirtiendo la constancia, el esfuerzo y la forma de responder ante la derrota en parte de su identidad pública. No necesitó construir un personaje alrededor de su figura: su principal respuesta casi siempre estuvo dentro de una cancha.

Messi nunca tuvo la obligación de convertirse en un ejemplo fuera del fútbol. Sin embargo, la dimensión que alcanzó su figura hizo inevitable que cada gesto tuviera repercusión sobre quienes crecieron admirándolo. Su historia terminó demostrando que incluso el futbolista más talentoso de su época necesitó insistir, perder y volver a empezar antes de alcanzar aquello que más deseaba.

Por eso, aunque se retire de la Selección Argentina con una colección extraordinaria de títulos y récords, su legado resulta imposible de cuantificar. Quedará en las generaciones que aprendieron a querer la camiseta argentina mirándolo jugar y en todos aquellos chicos que seguirán entrando a una cancha con la número 10 en la espalda intentando repetir, aunque sea por un instante, alguno de sus movimientos.



Locura por Messi en Kansas, en el partido entre Argentina y Argelia; su figura llevó la camiseta albiceleste a todos los rincones del mundo. (Foto: Francois Nel/Getty Images)

Ahora vendrá un escenario desconocido. La Selección Argentina deberá comenzar por primera vez en más de 20 años un ciclo definitivamente sin Messi. Ya no estará aquel futbolista capaz de resolver un partido cerrado con una aparición individual, ni el capitán alrededor del cual se construyó el período más exitoso de la historia reciente del seleccionado. Habrá nuevos referentes, nuevos talentos y otra generación obligada a aprender a competir sin quien marcó el ritmo del equipo durante buena parte de este siglo.

Messi continuará jugando profesionalmente en Inter Miami⁠, por lo que este anuncio no significa todavía su retiro definitivo del fútbol. Sin embargo, para los argentinos la despedida ya ocurrió. No volverá a aparecer en una convocatoria, no habrá otra Copa América con la camiseta número 10 ni otro Mundial persiguiendo un sueño que alguna vez pareció imposible y que terminó haciendo realidad.



«Voy a extrañar mucho escucharlos desde adentro. Ahora voy a ser uno más de ustedes, alentando y bancando siempre desde afuera», escribió en su despedida. Tal vez allí esté la imagen más difícil de asimilar: por primera vez, Messi verá a la Selección desde el mismo lugar que millones de argentinos que durante tantos años se sentaron frente a una pantalla esperando que él hiciera algo extraordinario.

Se termina así una historia que atravesó una infancia, una adolescencia y una adultez para millones de personas. Del chico que solamente soñaba con jugar para Argentina al capitán que levantó la Copa del Mundo en Qatar; de las críticas y las finales perdidas a convertirse en uno de los ídolos más grandes de la historia deportiva del país.



Messi se fue de la Selección Argentina habiéndolo intentado todo y habiendo ganado prácticamente todo. Su última imagen fue la de las lágrimas después de perder una final mundialista, pero la que quedará para siempre será otra: la del 18 de diciembre de 2022, levantando la Copa del Mundo en Lusail después de haberse negado durante años a dejar de intentarlo.

El tiempo finalmente alcanzó incluso a Messi. Se termina una era irrepetible y comienza una Selección Argentina sin el futbolista que la acompañó durante 21 años. Los récords podrán quedar durante décadas y los títulos permanecerán para siempre en las vitrinas. Lo verdaderamente imposible de reemplazar será todo lo demás: los goles, la expectativa antes de cada partido, la tranquilidad de saber que todavía quedaba una aparición suya y la ilusión colectiva de que, mientras estuviera dentro de una cancha, cualquier cosa podía pasar. Después de una vida entera de emociones, solo quedan palabras de agradecimiento por todo lo que nos diste. Gracias, capitán.