Federico Sturzenegger estuvo ahí. No como un observador externo ni como un economista que analiza retrospectivamente una crisis ajena.
Era presidente del Banco Central cuando el gobierno de Mauricio Macri atravesó uno de los momentos más extraños de su administración: había ganado con contundencia las elecciones legislativas de 2017, la economía crecía, la inversión aceleraba y buena parte del oficialismo imaginaba un camino despejado hacia la reelección.
Después, como sintetizaría el propio Macri con una frase que quedó para la historia, «pasaron cosas».
Casi nueve años después, Sturzenegger volvió sobre aquella experiencia y dejó una advertencia que tiene un destinatario difícil de disimular: Javier Milei.
En una extensa columna publicada este domingo en La Nación, titulada «Más allá del ruido», el actual ministro de Desregulación y Transformación del Estado reconstruyó qué cree que salió mal en el gobierno de Cambiemos y trasladó esa experiencia al presente.
El mensaje de fondo puede resumirse de una manera: Milei no debería cometer el error que, según Sturzenegger, cometió Macri.
No perder el rumbo por reaccionar al clima político, social o mediático de cada semana.
Lucas Llach, que fue vicepresidente del BCRA durante la gestión de Sturzenegger, encontró una definición bastante menos académica para la columna: «Un breve manual para evitar las psicopateadas».
Y probablemente haya dado con el verdadero sentido político del texto.
La definición de Llach. – EE
La advertencia de Sturzenegger a Milei mirando el fracaso de MacriSturzenegger arranca su análisis en un momento muy preciso: fines de 2017.
Para el entonces presidente del Banco Central, aquella Argentina estaba bastante mejor de lo que luego quedó grabado en la memoria colectiva.
La economía crecía al 5%, la inversión avanzaba al 20%, la inflación mensual se ubicaba en 1,4% y la pobreza había descendido hasta 26%.
El clima financiero también era completamente diferente. En aquellos meses, mientras el crédito comenzaba a crecer con fuerza, el Gobierno imaginaba que la estabilización macroeconómica finalmente empezaba a consolidarse.
Pero simultáneamente la situación política se había vuelto mucho más conflictiva.
Las protestas por la reforma previsional, las imágenes de violencia frente al Congreso y el aumento de la confrontación terminaron construyendo, según la lectura que hace ahora Sturzenegger, una sensación generalizada de crisis.
Y ahí ubica el error.
Para el actual ministro, Cambiemos permitió que esa percepción modificara su hoja de ruta.
Su primera conclusión es explícita: «Un gobierno tiene que mantenerse fiel al rumbo y a sus ideas».
La segunda es todavía más política: un oficialismo debe asumir que, independientemente de sus resultados, la oposición intentará instalar que las cosas marchan mal.
El destinatario de esas dos lecciones no necesita ser nombrado.
Es Milei.
Es, además, una advertencia a los Santilli’s de la vida, es decir, los otros integrantes del mundo libertario -más políticos- que tienen acceso al oído presidencial y que estarían menos interesados en el purismo del rumbo.
Milei ante el mismo peligro: cuando el ruido empieza a dominar la agendaLa comparación con el presente aparece sola.
El gobierno de Javier Milei también llega a una etapa decisiva de su gestión convencido de que consiguió ordenar variables centrales de la economía, mientras alrededor aparecen indicadores sociales, laborales y políticos que alimentan un clima mucho menos confortable.
De hecho, dentro del propio equipo económico ya reconocen que la economía no avanza al ritmo que el Gobierno esperaba de cara al calendario electoral.
Sturzenegger cree que ahí está la trampa.
Su lectura es que Milei no debería modificar el programa simplemente porque aumente la presión alrededor del Gobierno.
Es, en cierta forma, la lección que el Sturzenegger de 2026 intenta transmitir después de haber formado parte del Macri de 2018.
La historia del macrismo funciona para él como advertencia.
Cambiemos venía de ganar las legislativas de 2017 y buena parte del mercado imaginaba la continuidad de Macri más allá de 2019. Pero durante 2018 comenzó la crisis cambiaria, la economía entró en otra dinámica y el Gobierno terminó recurriendo al FMI.
El deterioro político fue igualmente acelerado y la aprobación de la gestión de Macri cayó con fuerza.
Sturzenegger propone ahora una interpretación particular de aquel fracaso: el problema no habría sido solamente económico, sino también político y psicológico.
Macri, sostiene en esencia, empezó a reaccionar a la urgencia y terminó alejándose del rumbo original.
Ese es el fantasma que aparece detrás de toda su columna.
Los números que Sturzenegger usa para defender a MileiPara demostrar que Milei no debería dejarse llevar por el clima negativo, Sturzenegger construye una extensa defensa de los datos económicos del Gobierno.
Según los números que cita el ministro, Argentina creció 6,7% durante el primer año de Milei y 3,5% durante el segundo, tomando la comparación diciembre contra diciembre.
Además, señala que el REM proyecta una expansión de 2,7% para este año y de 3% para el próximo.
También destaca la caída de la pobreza desde los niveles alcanzados durante el comienzo del ajuste, el equilibrio fiscal que el Gobierno convirtió en el corazón de su programa económico y el comportamiento del sector externo.
Su argumento es que las principales variables agregadas no describen una economía en crisis y que muchas de las críticas actuales seleccionan indicadores particulares para construir una imagen mucho más negativa del conjunto.
Ahí aparece uno de los puntos más interesantes de la columna.
Porque Sturzenegger no discute que existan problemas.
Discute cómo deben interpretarse.
El empleo formal, uno de los puntos más incómodosEl mejor ejemplo es el mercado laboral.
Sturzenegger sostiene que durante el mandato de Milei se incorporaron alrededor de 500.000 puestos de trabajo si se consideran todas las modalidades.
Pero simultáneamente reconoce algo que viene mostrando con fuerza la estadística oficial: caen los asalariados privados formales.
La discusión no es menor.
El empleo privado registrado acumula doce meses consecutivos de retroceso y desde noviembre de 2023 se perdieron aproximadamente 241.000 puestos asalariados privados formales.
El fenómeno se convirtió en uno de los indicadores que más preocupa a los economistas porque muestra una diferencia cada vez más importante entre la recuperación de determinados sectores de actividad y la evolución del empleo privado registrado.
Sturzenegger no niega ese fenómeno.
Lo interpreta de otra manera.
Parte de la explicación, afirma, estaría en el aumento del monotributo y en una transformación de las modalidades laborales hacia esquemas más flexibles.
Según los números que presenta, crecieron especialmente los puestos no asalariados y los monotributistas.
Ese punto probablemente sintetice toda la disputa económica de 2026.
Los mismos datos permiten construir historias distintas.
Para los críticos del Gobierno, la caída del empleo asalariado formal muestra una economía que crece sin conseguir traducir esa mejora en trabajos privados de calidad.
Para Sturzenegger, mirar exclusivamente ese segmento implica perder de vista la transformación más amplia del mercado laboral.
Sturzenegger también responde por la mora de las familiasAlgo parecido ocurre con otro de los temas que ganó espacio durante las últimas semanas: el endeudamiento de los hogares.
La mora de las familias viene aumentando con fuerza y se convirtió en uno de los puntos más sensibles de la economía cotidiana.
Un análisis de casi 20 millones de deudores encontró 5,86 millones de personas con problemas de pago, mientras distintos indicadores vienen mostrando un deterioro particularmente fuerte entre los hogares.
La cuestión incluso provocó un duro intercambio entre Santiago Bausili y Hernán Lacunza sobre cómo interpretar el incremento de los atrasos.
Sturzenegger tampoco niega el aumento de la mora.
Pero vuelve a pedir mirar el tamaño del problema dentro del conjunto del sistema.
Su argumento es que el crédito bancario privado representa apenas 12% del PBI y que la cartera irregular total equivale a menos de un punto del producto.
Es decir: hay un problema de morosidad, pero rechaza que exista una crisis sistémica de endeudamiento.
La diferencia vuelve a ser de interpretación.
Mientras distintos economistas advierten sobre el deterioro de las finanzas de los hogares, Sturzenegger sostiene que trasladar ese fenómeno a la idea de una crisis generalizada implica exagerar el diagnóstico.
Los créditos UVA y otra cicatriz que Sturzenegger conserva del macrismoHay otro pasaje particularmente revelador.
Sturzenegger recuerda los créditos hipotecarios UVA, lanzados cuando conducía el Banco Central durante la presidencia de Macri.
Para el ministro, ese instrumento terminó siendo demonizado por su asociación política con Cambiemos pese a que había permitido expandir fuertemente el acceso al crédito hipotecario.
La referencia no es casual.
Esta misma semana, el gobierno de Milei anunció que utilizará $2 billones del Fondo de Garantía de Sustentabilidad para fondear a los bancos y reactivar los préstamos hipotecarios.
El programa anunciado por Luis Caputo para impulsar el crédito hipotecario apunta a facilitar el acceso a hipotecas UVA y podría alcanzar a entre 17.000 y 18.000 familias.
La medida aparece, además, en momentos en que el Gobierno busca herramientas para reactivar una construcción que todavía permanece en el pozo.
Para Sturzenegger, la experiencia del macrismo deja otra enseñanza: las reglas de juego necesitan continuidad.
Su planteo es que Argentina destruye herramientas útiles cuando las identifica con un determinado gobierno y vuelve a empezar de cero cada vez que cambia el poder político.
El desafío del nuevo esquema será justamente comprobar si el FGS puede aportar fondeo de largo plazo al sistema financiero sin repetir los problemas anteriores.
El punto central: Sturzenegger no quiere que Milei se convierta en MacriVista de esa manera, la columna es bastante más que una defensa económica del Gobierno.
Es casi una carta escrita desde 2018 hacia 2026.
Sturzenegger formó parte de una administración que llegó a creer que había atravesado lo peor, ganó una elección legislativa con comodidad y proyectó su continuidad.
Después todo cambió.
Hoy está dentro de otro gobierno que también cree haber realizado buena parte de las correcciones económicas estructurales, que apuesta a consolidar un nuevo ciclo de crecimiento y que ya tiene la mirada puesta sobre la crucial elección de 2027.
Los paralelismos inevitablemente aparecen.
Y en el mercado argentino el fantasma de que vuelvan a «pasar cosas» nunca desapareció por completo. Ya en otros momentos los inversores discutieron el riesgo de que un paso en falso alterara el programa económico.
Pero Sturzenegger quiere establecer una diferencia fundamental.
Su argumento es que Milei debe hacer exactamente aquello que, en su visión retrospectiva, Macri dejó de hacer: mantenerse fiel a su programa aun cuando cambie el clima alrededor.
La gran discusión: ¿ruido o señales que el Gobierno debería escuchar?Ese es, al mismo tiempo, el punto más potente y más discutible de su planteo.
Porque determinar qué es simplemente «ruido» y qué constituye una señal real de deterioro es probablemente una de las tareas más difíciles para cualquier gobierno.
La caída del empleo privado formal existe.
El aumento de la mora de los hogares existe.
Hay sectores productivos con comportamientos muy diferentes y una recuperación que no llega con la misma intensidad a toda la economía.
Incluso el mercado empieza a mirar 2027 con una elección potencialmente más competitiva de lo que esperaba el oficialismo.
Sturzenegger conoce esos datos y los incluye.
Pero su tesis es que ninguno de ellos debería llevar al Gobierno a desconocer el cuadro general ni a modificar una estrategia que considera exitosa.
Esa fue, según su reconstrucción, la curva que se comió Cambiemos.
Y esa es la curva que Milei debería evitar.
Por eso la expresión de Lucas Llach resulta especialmente efectiva.
El exvicepresidente del Banco Central describió el texto como «un breve manual para evitar las psicopateadas».
Detrás de la ironía hay una discusión muy seria sobre el ejercicio del poder.
¿Cómo distingue un presidente entre una crítica que debe ignorar y una advertencia que debería escuchar?
¿Cómo evitar gobernar detrás de la encuesta, los mercados o las redes sociales sin caer, al mismo tiempo, en el encierro?
¿En qué momento sostener el rumbo es convicción y en qué momento se transforma en obstinación?
Sturzenegger parece creer que ya vio esa película una vez.
Y su mensaje para Milei es que el final no tiene por qué repetirse.
