«Negar todo y atacar»: la vieja máxima de Roy Cohn, el gurú de Donald Trump, que parece explicar la estrategia actual de Javier Milei

«Negar todo y atacar»: la vieja máxima de Roy Cohn, el gurú de Donald Trump, que parece explicar la estrategia actual de Javier Milei


Hay una descripción de Javier Milei que empezó a repetirse con creciente frecuencia: el Presidente está aislado.

Algunos hablan de un Milei encerrado en Olivos. Otros dicen que perdió contacto con la calle. Los más duros aseguran directamente que está disociado de la realidad. 

Hay elementos que alimentan esa interpretación. Pero quizás el diagnóstico sea equivocado.



Milei no está solo ni aislado de la realidad. Está totalmente conectado y al tanto de lo que pasa. Su apuesta es otra: no quiere adaptarse a ella. Quiere transformarla.

Y eso no significa solamente transformar la economía argentina, el Estado o el sistema político. También intenta modificar la interpretación que los argentinos hacen de lo que está ocurriendo hoy.

La tapa de Noticias. – EE



Milei contra la opinión públicaEl profesor Luis Tonelli suele plantear una distinción interesante.

La opinión pública se convirtió en uno de los principales insumos del policymaking. El político tradicional recibe encuestas, focus groups y estudios cualitativos y adapta su oferta. Si la sociedad quiere rojo, ofrece rojo.

Milei pertenece a otra categoría.



Cuando una percepción social contradice su interpretación, muchas veces no modifica su posición. Sale a discutir con esa percepción.

No pregunta solamente qué piensa la sociedad. Se pregunta cómo conseguir que piense otra cosa.

Durante años eso fue la famosa «batalla cultural»: una discusión sobre el Estado, la justicia social, los impuestos, el déficit fiscal o el capitalismo.



Ahora la batalla es bastante más complicada.

Milei ya no pelea solamente por la interpretación del pasado o por las ideas del futuro. Está peleando por el relato del presente. Cuando habló de la caída de la natalidad y el estancamiento de la economía, apuntó contra «la locura de los pañuelitos verdes».

Cuando la morosidad de las familias empezó a convertirse en un problema político, rechazó la interpretación de que el fenómeno reflejara simplemente un deterioro económico y habló desde consumos vinculados al Mundial hasta intentos de golpe de Estado.



Y frente a las turbulencias posteriores al desarme de las Lefi, el Gobierno privilegió una explicación política antes que admitir posibles errores propios en el manejo de la liquidez y las tasas de interés.

El patrón es reconocible.

Cuando aparece una interpretación de la realidad perjudicial para el Gobierno, Milei intenta reemplazarla por otra.



Y durante mucho tiempo le funcionó.

La lección de Roy CohnHay otra tradición que ayuda a comprender ese comportamiento.

En el Nueva York de los años ’70, un joven Donald Trump conoció a Roy Cohn, el polémico abogado que había trabajado con el senador Joseph McCarthy y que se convertiría en uno de sus grandes mentores.



La doctrina de Cohn podía resumirse brutalmente: atacar, atacar y atacar; no admitir nada, negarlo todo y nunca reconocer una derrota.

Donald Trump y Roy Cohn

En otras palabras: no cederle un centímetro al enemigo.



Si te acusan, atacá. Si aparece un dato perjudicial, cuestioná el dato, su interpretación o las intenciones de quien lo presenta. Reconocer parcialmente la crítica significa empezar la discusión desde el terreno elegido por el adversario.

Trump aprendió mucho de esa escuela. Y Milei parece compartir, consciente o inconscientemente, buena parte de esa lógica.

En Milei casi nunca hay concesión. Hay contraataque.



Todo lo contrario a Mauricio Macri, que tebnía un liderazgo más concesivo y más proclive a pedir perdón. Recuerdo que algunos lo burlaban con el personaje Juan Domingo Perdón de Capusotto.

Peter Capusotto y Juan Domingo Perdón. – EE

Ante un dato económico adverso, rara vez comienza diciendo: «En esto nos equivocamos».



Busca otra causalidad. Otro responsable. Otra explicación.

El movimiento es casi siempre el mismo: Milei no absorbe el golpe. Lo devuelve.



Eso puede ser extraordinariamente efectivo. Un Presidente que nunca acepta la premisa del adversario mantiene permanentemente a su tropa a la ofensiva.

Pero tiene un problema: obliga a explicar cada nuevo dato adverso como responsabilidad de otro.



Lo advirtió Luis Secco: «Lo soez, la burla y los insultos ya no tienen el sabor a nuevo. Cansan y dan vergüenza ajena. No hay nada nuevo, no hay anuncios y solo se concentra en darle épica triunfal a los logros del programa (algunos reales, otros no y la mayoría inflados). Y ahí es donde radica el principal problema: cuanto mayor la distancia entre esa exagerada épica triunfal y lo que percibe una mayoría de argentinos en su día a día, menos efectivo es el esfuerzo oficial para influir sobre las expectativas».

Los rendimientos marginales decrecientesEn economía existe un concepto bastante conocido: los rendimientos marginales decrecientes.

En política también existen.



La primera vez que un dirigente desafía una explicación convencional sorprende. La segunda consolida su identidad. Pero llega un momento en que el mecanismo se vuelve reconocible. Y ahí aparece el riesgo para Milei. No que la sociedad necesariamente crea que miente, sino que empiece a pensar que ya no distingue entre aquello que quiere transformar y aquello que simplemente existe.

Mientras conserve credibilidad, Milei puede reinterpretar un mal dato, responsabilizar a sus adversarios, pedir tiempo o convertir una dificultad económica en otra batalla política.

Pero cuando esa credibilidad empieza a deteriorarse, la misma estrategia cambia de significado.



Lo que antes parecía rebeldía empieza a parecer negación.

Lo que parecía una explicación alternativa empieza a sonar a excusa.



Y lo que era batalla cultural puede terminar pareciendo una batalla contra los hechos.

Ese es el desafío que enfrenta hoy Javier Milei.



Ya no intenta convencer a los argentinos de que el sistema que gobernó durante décadas fracasó.

Intenta convencerlos sobre aquello que está ocurriendo mientras él gobierna.

Y esa batalla es mucho más difícil.



Contra el pasado se puede discutir con estadísticas, ideología y argumentos.

Contra el presente existe un adversario bastante más poderoso: la experiencia cotidiana.

Milei puede no cederle nunca un centímetro a sus enemigos.



Lo que no puede hacer indefinidamente es pedirle a la realidad que también retroceda.