Huerta de Soto y el plan que puede cambiar el BCRA

Huerta de Soto y el plan que puede cambiar el BCRA


La reciente visita del profesor Huerta de Soto al Perú ofrece una oportunidad para ampliar el debate sobre la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central de la República Argentina. 

Invitado por el Banco Central de Reserva del Perú y el Instituto Mises Perú, uno de los principales referentes contemporáneos de la Escuela Austríaca de Economía brindó el pasado 22 de abril la conferencia «Crisis financiera, reforma bancaria y futuro del capitalismo» en la histórica Sala Pedro Beltrán de la autoridad monetaria.

El encuentro tuvo, además, un fuerte valor simbólico. En marzo de 1950, el propio Banco Central de Reserva del Perú recibió al economista Ludwig von Mises, una de las figuras más influyentes de la tradición austríaca. Setenta y seis años después, otro de sus máximos exponentes volvió a exponer en la misma institución, esta vez para desarrollar una profunda crítica al sistema monetario y bancario contemporáneo.



El profesor Huerta de Soto

Las ideas presentadas por Huerta de Soto resultan especialmente relevantes para la Argentina por al menos dos motivos. 

En primer lugar, porque el economista español ha ejercido una reconocida influencia intelectual sobre el presidente Javier Milei, quien manifestó la intención de impulsar una reforma de la Carta Orgánica del BCRA. En segundo término, porque el Banco Central de Reserva del Perú constituye un caso de referencia en la región en materia de estabilidad monetaria, credibilidad institucional e independencia de la autoridad monetaria, bajo la conducción de Julio Velarde al frente de la institución desde 2006.



No obstante, la propuesta de Huerta de Soto va mucho más allá del debate sobre la independencia o la adopción de reglas monetarias y sus objetivos. 

Su planteo cuestiona los fundamentos mismos  del sistema monetario moderno y propone una transformación institucional mucho más profunda, basada en los principios de la Escuela Austriaca de Economía.

El mercado como proceso de coordinaciónLa conferencia comenzó con una crítica a lo que el economista español denomina las cuatro grandes corrientes «reaccionarias pseudocientificas» de la ciencia económica contemporánea: el positivismo, la economía neoclásica, la macroeconomía agregada y el marxismo. Todas ellas comparten, en parte, un mismo rasgo: justificar, desde distintos enfoques, la intervención del Estado en el funcionamiento de la economía.



Es que la principal contribución de la ciencia económica consiste en haber explicado cómo la cooperación social surge espontáneamente a partir de la acción humana y del intercambio voluntario. 

Lejos de ser el resultado de un diseño centralizado, el mercado constituye un proceso dinámico de coordinación en el que millones de individuos, que libre de intervención expanden sin límites la creatividad, generan conocimiento, prosperidad y el avance de la civilización. El individuo no es simplemente un agente que responde mecánicamente a estímulos externos, sino un sujeto que actúa descubre, aprende y crea nueva información.

Desde esta perspectiva, el Estado enfrenta un problema insalvable. Ninguna autoridad central, y en particular, ningún Banco Central puede disponer de la información necesaria para coordinar a través de mandatos coactivos la actividad económica. La que a su vez genera descoordinación, conflicto y caos.



Naturalmente, existen diferencias de grado. No puede equipararse la historia inflacionaria y el desorden monetario del Banco Central de la República Argentina con el desempeño del Banco Central de Reserva del Perú en las últimas décadas. Sin embargo, desde el punto de vista teórico, ambas instituciones comparten una misma limitación: la imposibilidad de sustituir el proceso de coordinación que genera el mercado mediante mandatos coactivos centralizados.

A esta crítica económica se suma un cuestionamiento de carácter ético. Para Huerta de Soto, la intervención estatal resulta incompatible con la naturaleza creativa del ser humano, cuya capacidad para actuar libremente constituye el fundamento del orden social y del desarrollo de la civilización. Desde esta óptica, toda expansión del poder coercitivo del Estado restringe el proceso de descubrimiento empresarial que hace posible el progreso de la sociedad.

 



Dinero, crédito y ciclos económicosLa crítica al intervencionismo estatal encuentra su expresión más acabada en la principal obra de Huerta de Soto, «Dinero, crédito bancario y ciclos económicos». Allí desarrolla una teoría sobre el origen de las crisis financieras, atribuyendo la inestabilidad del capitalismo moderno al sistema de banca con reserva fraccionaria que genera la expansión del crédito sin respaldo en ahorro genuino.

El punto de partida es la distinción entre dos instituciones jurídicas completamente diferentes: el contrato de depósito y el contrato de préstamo. En el depósito de dinero a la vista, el depositario asume la obligación de conservar íntegramente los fondos y restituirlos en cualquier momento a requerimiento del depositante, manteniendo en todo momento a su favor la disponibilidad. En consecuencia, esos recursos deben permanecer siempre disponibles, lo que implica un coeficiente de reserva del 100%. 

Esto no implica intervención, al respetar un principio tradicional del derecho. En cambio, en el contrato de préstamo el prestamista transfiere temporalmente la disponibilidad del dinero al prestatario, quien se compromete a devolverlo en un plazo determinado junto con el pago de un interés.



La génesis del sistema financiero moderno se encuentra precisamente en la confusión entre ambas figuras jurídicas. Cuando los bancos comenzaron a utilizar los depósitos a la vista, que debían permanecer íntegramente bajo un encaje del 100%, para financiar préstamos a terceros, se produjo una degeneración del contrato de depósito. Esa práctica permitió crear nuevos medios de pago sin respaldo equivalente en ahorro genuino, dando origen a la expansión artificial del crédito.

Desde la perspectiva de la Escuela Austriaca, esta creación de dinero bancario constituye el origen de los ciclos económicos. La expansión artificial del crédito reduce temporalmente las tasas de interés, alentando inversiones que lucen rentables, pero que carecen del respaldo del ahorro necesario para sostenerlas. Durante la fase expansiva se generan aumentos en los precios de los activos, un fuerte crecimiento del crédito y una sensación generalizada de prosperidad. Sin embargo, cuando la expansión pierde impulso esas inversiones revelan su inviabilidad y comienza el proceso de ajuste.

En consecuencia, las crisis financieras y las recesiones no representan fallas del mercado, sino el resultado inevitable de una expansión crediticia artificial. Las fases de contracción cumplen la función de corregir las malas inversiones acumuladas durante el auge y restablecer la coordinación entre ahorro, inversión y producción.



Uno de los antecedentes históricos centrales de esta tesis es la Peel’s Bank Act de 1844. Huerta de Soto argumenta en su conferencia que aquella reforma representó un avance significativo al exigir un respaldo del 100 % para la emisión de billetes por parte del Banco de Inglaterra. Sin embargo, los depósitos a la vista continuaron excluidos de esa exigencia, permitiendo que los bancos siguieran expandiendo el crédito mediante simples anotaciones contables. 

Una propuesta de reforma mucho más profundaFrente a las sucesivas crisis financieras, los Estados fueron ampliando la regulación bancaria y fortaleciendo el papel de los Bancos Centrales como prestamistas de última instancia, consolidando un esquema que incentiva la expansión del crédito sin respaldo en ahorro genuino, descoordinando toda la estructura productiva.

Por esta razón, la Escuela Austriaca rechaza las políticas de estabilización de inspiración keynesiana y monetarista. Aunque difieren respecto del instrumento más adecuado —el gasto público en un caso y la política monetaria en el otro—, ambas corrientes comparten, la idea de que la autoridad económica debe intervenir para estabilizar el ciclo. Desde su perspectiva, estas políticas no resuelven el problema de fondo, sino que prolongan las distorsiones generadas durante la expansión artificial del crédito y retrasan el proceso de ajuste necesario para encauzar la estructura productiva.



Por eso, la propuesta de Huerta de Soto es mucho más ambiciosa que una simple reforma regulatoria. El primer paso consiste en restablecer la naturaleza jurídica del contrato de depósito mediante la exigencia de un coeficiente de reserva del 100% sobre todos los depósitos a la vista y sus equivalentes. De este modo, los bancos dejarían de utilizar recursos depositados en custodia para financiar préstamos eliminando la creación bancaria de dinero.

Incluso esa transición podría realizarse sin provocar inflación. En su planteo, la totalidad de los depósitos a la vista sería respaldada mediante una emisión extraordinaria de base monetaria que quedaría completamente esterilizada por la nueva obligación de mantener reservas equivalentes. En consecuencia, el aumento de la base monetaria no implicaría una expansión de los medios de pago ni una presión adicional sobre los precios.

El segundo componente de la reforma apunta al saneamiento del sistema financiero. Los activos que actualmente respaldan los depósitos bancarios podrían reorganizarse mediante fondos de inversión y utilizarse para cancelar la deuda pública. 



Según Huerta de Soto, esta alternativa permitiría reducir significativamente el endeudamiento estatal sin recurrir a mayores impuestos ni generar efectos inflacionarios. Como señalo en su conferencia, trabajos desarrollados por investigadores del Cobden Centre, respaldan la factibilidad de un esquema similar para el Reino Unido.Una vez completada esta etapa, propone avanzar hacia un sistema de banca libre, en el que desaparezca el monopolio estatal sobre la emisión monetaria y las entidades financieras compitan ofreciendo medios de pago respaldados íntegramente por reservas. En ese contexto, considera que el patrón oro constituye el dinero que eligió de manera espontánea la humanidad, y que históricamente mejor ha cumplido la función de preservar el poder adquisitivo y limitar la discrecionalidad de las autoridades. 

Más allá de la independenciaDesde la óptica de Huerta de Soto, el Banco Central dejaría de desempeñar el papel de prestamista de última instancia y desaparecería la posibilidad de financiar déficits fiscales mediante expansión monetaria. La intermediación financiera volvería a sustentarse exclusivamente en el ahorro voluntario de los individuos, fortaleciendo el mercado de capitales y orientando los recursos hacia proyectos de inversión genuinamente rentables.

En definitiva, su propuesta no consiste simplemente en modificar la política monetaria, o darle más independencia del poder de turno, sino en replantear los fundamentos institucionales del dinero y del sistema financiero. Por supuesto, las políticas representadas en una «regla monetaria», o en la «independencia» del Banco Central representan un avance en la dirección correcta hacia la libertad monetaria. 



Sus reflexiones nos invitan a sustituir un esquema basado en la creación de crédito artificial que origina crisis económicas, por otro sustentado íntegramente en el ahorro genuino, fortaleciendo la acumulación de capital, dando paso así al impulso de la función empresarial para el lograr el tan anhelado desarrollo económico.