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Pero la reactivación de la economía pospandemia no debe lograrse a costa de aumentar la generación de residuos provenientes de materiales descartables ni las emisiones de gases de invernadero. O se correrá el riesgo de caer en una crisis climática y ecosistémica mucho más compleja que la provocada por un virus.
Es preciso cambiar las formas de producción y consumo hacia modelos más sustentables, que satisfagan las necesidades actuales sin comprometer las de generaciones futuras.
Esta transformación, lejos de implicar un freno al crecimiento económico y el bienestar, presenta una oportunidad para el desarrollo con equidad y la generación de nuevos empleos verdes en América latina.
Las tecnologías para lograrlo ya están disponibles. Las energías renovables, hoy son más costo-eficientes que las de origen fósil y además generan empleo e inversiones.
Nuevos biomateriales, que utilizan insumos naturales y reciclables, reemplazan a materiales convencionales (como el plástico) que resultan contaminantes.
A su vez, las interacciones entre nanotecnología, inteligencia artificial, robótica y otras innovaciones están produciendo nuevos materiales inteligentes, sistemas de energía y remediación de la contaminación ambiental.
Argentina -al igual que otros países de la región- enfrenta desafíos que van desde su modelo de agronegocios basado en el monocultivo de la soja, a la megaminería, la deforestación y la necesidad de impulsar la economía circular para poner en marcha una industria del reciclado.
Por un lado, existe una gran oportunidad de valorizar materiales que hasta hoy se descartan a partir de una gestión adecuada de los residuos. Por otra parte, la industria del reciclado trabaja por debajo de su capacidad debido a la falta de separación de residuos en origen.
La llamada «economía circular» ayudaría a América Latina a dejar de depender de las industrias extractivas y las prácticas agrícolas que impulsan la deforestación, y en su lugar, crear valor reaprovechando materiales que hoy se desechan.
Los mercados internacionales ya están imponiendo regulaciones ambientales y mecanismos de compensación para evitar que las empresas importen bienes o trasladen su producción hacia países con normativas ambientales débiles.
El fenómeno se conoce como «fuga de carbono» (carbon leakage) y más del 50% de las exportaciones latinoamericanas son sensibles a la aplicación de estos mecanismos compensatorios.
La pandemia puso de relieve que el cuidado de la Salud, el Ambiente y la Economía deben ir de la mano. Es preciso cambiar los modelos de producción y de negocios, y no queda mucho tiempo. Para cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, los famosos ODS que Naciones Unidas planteó para 2030, gobiernos, sociedades y empresas deben reinventarse.
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