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La Organización Mundial de la Salud considera actividad física a cualquier movimiento corporal producido por los músculos esqueléticos que exija gasto de energía.
Un nivel adecuado de actividad física regular en los adultos:
– Reduce el riesgo de hipertensión, cardiopatía coronaria, accidente cerebrovascular, diabetes, cáncer de mama y de colon, depresión y caídas;
– Mejora la fuerza ósea y muscular y aumenta el equilibrio, la flexibilidad y el estado físico. Para las personas mayores, las actividades que mejoran el equilibrio ayudan a prevenir caídas y lesiones;
– Aumenta el rendimiento cognitivo, las esferas anímicas y de salud mental, y los sentimientos generales además de ser un factor de protección para los cambios cognitivos y/o motores propios del envejecimiento o asociados a las enfermedades neurodegenerativas como la enfermedad de Alzheimer y la enfermedad de Parkinson, entre otras.
– Es un determinante clave del gasto energético, y es por tanto fundamental para el equilibrio calórico y el control del peso.
Por lo tanto, la actividad física cuando es regular beneficia al cuerpo y la mente y puede reducir las condiciones que aumentan la susceptibilidad al COVID-19. Además, ayuda a equilibrar los niveles de cortisol, permite controlar el estrés al reducir los síntomas de ansiedad y depresión mejora el funcionamiento cognitivo y conductual, sobre todo en aquellas patologías neurológicas en quienes la ausencia de rutina y/o de actividades regulares pueden alterar el comportamiento diario.
Asimismo, hay formas en que los profesionales de la salud pueden hacer una diferencia significativa en la vida de sus pacientes. Deben:
1. Ser conscientes del impacto del encierro en el bienestar mental y físico de las personas.
2. Considerar los aspectos de la fuerza muscular y el desacondicionamiento al evaluar a sus pacientes.
3. Indagar acerca de cambios en los niveles de ansiedad, los estados anímicos, las alteraciones en el sueño, tanto de los pacientes como de sus cuidadores o vínculos familiares más cercanos.
4. Supervisar el estado cognitivo y conductual de los pacientes, sobre todo en aquellos con compromiso cognitivo, ya que la falta de rutina, el encierro, la imposibilidad de ver a sus seres queridos podrían generar un deterioro o declinación funcional con respecto al estado previo al encierro.
5. Optimizar el bienestar general de los pacientes.
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