Arrancó el debate por el aborto legal, seguro y gratuito en el Congreso Nacional, que hace mucho tiempo estamos esperando. Hoy ganamos estar incluidxs por primera vez en la discusión pública sobre una política sanitaria, intervenida por el punitivismo judicial.
Eso no es casual ni mágico (aunque nos sentimos llenxs de magia, brujas y hechiceras), es producto de años de lucha en la calle del movimiento feminista en la Argentina, de la Campaña por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito y de las lesbianas y feministas por la descriminalización del aborto, por el dolor de las mujeres y personas gestantes que mueren en la clandestinidad y por tantxs más que han puesto sus cuerpos y su lucha.
Estamos felices por esta oportunidad pero somos conscientes del desafío: no podemos permitir que sigamos pagando con cárcel la libertad de sentir cómo sentimos y de elegir cómo vivir. Atravesamos un momento especial y complejo.
Dicen que en China, crisis significa peligro y oportunidades a la vez. La crisis y el peligro que vivimos acá es el giro hiper conservador y profundamente liberal que nos juega una dura partida que viene arremetiendo contra nuestros derechos. Ante esta etapa de retroceso en términos políticos y económicos, la lucha por el derecho a elegir sobre nuestra vida y nuestra maternidad debe estar más vigente que nunca.
El aborto es una realidad en la Argentina. Lo que está en juego en el fondo, es la ganancia de quienes hacen un negocio de la necesidad, mientras que las mujeres y las personas gestantes pagan el costo, principalmente con su vida. No queremos que se siga desarrollando de forma insegura, lucrativa y clandestina, que como consecuencia dispara numerosas complicaciones en la salud, llegando hasta la muerte. Quien quiera que este sistema siga funcionando así como está hoy, tiene una cuota de perversidad, misoginia y/o negocios en el rubro.
Nuestro desafío es rebatir cada argumento esbozado desde la moral, la religión, el prejuicio y la hipocresía con datos, derechos, militancia y organización en la calle; porque vamos a discutir desde el trabajo que venimos haciendo desde las consejerías de salud sexual integral y violencia donde nos organizamos para ejercer en forma autónoma y consciente nuestros derechos sexuales integrales y nos organizamos para hacerle frente a la violencia.
Ante un Estado neoliberal y patriarcal, que decide no generar políticas públicas en ese sentido, nos organizamos para estar donde el Estado falta y defender nuestros derechos.
Nos encontramos para compartir información sobre temas vinculados a la sexualidad y también para escuchar, guiar y dialogar. Juntas nos empoderamos en nuestra capacidad para tomar las decisiones necesarias según cada una de nosotras y buscamos evitar el riesgo en la salud de las mujeres, lesbianas, trans e identidades no binarias. Allí donde el Estado falla, estamos nosotras, vecinas, hermanas, compañeras construyendo lazos y practicando la sororidad.
Con la paciencia de cocinar un guiso en la olla popular, esperamos nuestro momento para gritar más fuerte. Acá estamos, enardecidas, en pleno active, organizadas, sólidas, precisas, pura furia fría. Hoy le gritamos al Estado qué nos pasa en el barrio con nuestra salud sexual, con nuestrxs hijxs, en nuestros partos o cuando sentimos que no es momento de seguir con un embarazo. Cada decisión libre quieren transformarla en un escenario de sometimiento y violencias crueles y silenciosas. Nuestro feminismo amoroso se mezcla con el activismo callejero y como buen guiso, vamos a bancarnos la ansiedad, porque se prepara lento y con fuego constante, para comer cuando está a punto.
Esta lucha llevó años de preparación, concientización y organización que hoy queremos poder expresar en estos debates y en una propuesta de organización, como las consejerías feministas.
En el año 2001, al calor del piquete reclamábamos que en el bolsón de alimentos también vengan elementos de higiene femenina porque era un elemento básico para sobrevivir y no podíamos pagarlo: siempre había otras prioridades. Ese primer paso de la pelea parió compañeras que son faros de luz y guías en cada grito que nace del Feminismo Popular. Conscientes de nuestros derechos, exigimos al Estado políticas sanitarias y de acceso a los derechos sexuales de manera integral, que contemple la diversidad, nuestros deseos y goces.
Así, damos la batalla como mejor sabemos: activando, organizando en la calle, en el barrio, en las redes, en la política y dentro de las audiencias de debate en el Congreso. Cuando una piba elige día a día caminar por la calle con su pañuelo verde como bandera, cuando nos acompañamos ante cada aborto o enfrentamos la violencia agarradas de la mano de alguna amiga, prima, vecina, ayudándonos a vivir dignamente, nos empoderamos y fortalecemos, ganándole al monopolio de la desinformación, al disciplinamiento del punitivismo y a las opresiones que padecemos.
Esto lo logramos con unidad, embanderadas en un tema transversal, hermanadas en la exigencia de una política pública que nos cuide, que nos proteja, que no nos estigmatice por elegir. Queremos que la maternidad sea opción y no castigo; que la salud reproductiva sea parte del Plan Médico Obligatorio y, la educación sexual integral, obligatoria y en todos los niveles educativos. Queremos que el Estado contemple el proceso de abortar en los hospitales, pero también en el ámbito privado y sobre todo en salas de atención primaria, de manera ambulatoria, de acuerdo a las necesidades específicas de cada caso; que brinde acompañamiento y contención antes, durante y después.
Pero también queremos la producción estatal de misoprostol, que se regule su precio y se brinde de manera gratuita, legal y segura para no dejar el negocio en manos de pocos que hoy lucran con la ilegalidad.
Estamos re manija: cada charla y cada active nos energiza mucho más. Ante la opresión y el dolor del aborto clandestino, queremos gritar lo que pensamos, sufrimos y nos plantarnos con la justa. Nosotras las negras, gordas, villeras, lesbianas, trans, lxs excluidxs vamos a discutir todo, con todo lo que somos y todo lo que hacemos. Estamos organizadxs y fuertes, felices y furiosxs como nunca: el feminismo se enciende y desborda la calle y el Congreso.
(*) Integrantes del Frente de Mujeres Evita-Provincia de Buenos Aires.
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