El 24 de noviembre de 2016, el líder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Rodrigo Londoño, alias Timochenko, y el presidente Santos suscribieron un acuerdo de paz que puso fin a medio siglo de conflicto en ese país sudamericano. «Espero que el pueblo colombiano pueda ver lo que ha sucedido aquí en Belfast, que pueda ver cómo la inversión ha permitido transformar la ciudad de Belfast, cómo se fortaleció el empresariado», dijo el mandatario colombiano.
Para algunos analistas, el proceso de paz de Colombia abrió nuevas formas sobre como reconciliar bandos en pugna. Por ejemplo, el proceso no terminó en una amnistía general como otros pactos logrados en América latina. Además, se incluyó en las negociaciones a las víctimas, calculadas en unos ocho millones, y a grupos de la sociedad civil.
El proceso incluyó tribunales especiales para jugar a la guerrilla de las FARC, así como a soldados y policías por supuestos crímenes de guerra. Pero más allá de la influencia irlandesa, el proceso colombiano estuvo inspirado también en la Comisión de Paz y Reconciliación de Sudáfrica. Esto permitió a los combatientes admitir actos que cometieron y cumplir castigos que van desde servicios a la comunidad hasta control de sus movimientos por parte del Estado
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